martes, 18 de abril de 2017

#17 ABOUT... THE KINKS ARE THE VILLAGE GREEN PRESERVATION SOCIETY

Uno de esos axiomas, terriblemente pomposo sin duda pero también altamente funcional las veces, a la hora de referirse alguien a tal o cual manifestación artística concreta, sería lo de: "hay obras que se hacen y obras que suceden"... Dicho ello, obviamente, con clara intención de enaltecer lo que toque ubicándolo a posteriori de la conjunción. Bien, pues hoy tocaría abarcar (intentarlo al menos) uno de lo momentos más necesaria y persistentemente plausibles de la historia rockera. Esto es así. Y lo és por muchas, en verdad demasiadas, razones. Cuando empecé este espacio paralelo al principal, donde trato de dar una idea general de lo que un artista o ente creativo me supone (para bien o mal) más allá de referencias concretas, ya tenía bien presente que con ciertas cosas el asunto iba a resultar completamente imposible... No media autoengaño. Ya hice la primera "excepción" con el "Marquee moon" de Television y, por supuesto, ya tenemos aquí la segunda con esta eterna sublimación del más exquisito pop que responde por "The Kinks are the Village Green preservation society" (The Kinks, 1968). 

Antes de seguir toca recomendar a aquellos realmente interesados que, para una mejor ingestión de datos fidedigna y perfectamente estructurada de como (cuándo y porqué) se fraguó el álbum, lo que pertoca sería hacerse con el libro de homónimo título -al disco- que firma Andy Miller para la colección 33 1/3, editada por Libros Crudos... O también, ponerse a navegar sin pacatería medie por algunos lugares granados del ciberespacio pues, no quepa duda, la retahíla de seguidores "kinkys" no se detiene ni mucho menos en lo meramente vasto (son legión -para ejemplo lo que sigue cuya elocuente cabecera es lo de blancos y botellas: La web de los KINKS/Todo sobre los Kinks en español-). Eso sí, el enfoque aquí es distinto... Se podría aparcar tranquilamente el todo con un tan ramplón como quirúrgicamente certero : "es uno de los mejores y más indispensables discos de la historia del rock", y punto (además, mejor o peor, ya realicé ese tipo de "texto estándar" tiempo ha, a costa de la milla verde las narices) . Sin embargo, y volviendo a la frase de inicio de este texto, pienso desde ya hace considerable tiempo que este trabajo es mucho más. Así, tal cual: "mucho más", llegada la hora de subrayar su prolongación e importancia en el tiempo. 


Antes de empezar a escuchar (y apreciar) a los Kinks "de verdad", con asiduidad, eran para mi poco más que los tipos de "You really got me", "Waterloo Sunset" o "Everybody's gonna be happy"... Y también los de "Lola" y "Victoria", si... Dos canciones que, lo suelto sin ambages, detesto (si alguien me lleva la lista de "pecados" aproveche ahora mismo para sumarlas a "Yesterday" o "Angie", cuyo sobreafectismo y cursilería respectivas me las hacen igualmente refractarias desde siempre y de forma inmediata). También estaba el hecho de que los fans de los Kinks que me había ido cruzando con los años iteraban en una actitud cansina y muy recurrente del "noo, yo no soy como vosotros, borregos fans de bitels y estons, yo soy de los Kinks que son mejores y no tenéis ni puta idea de nada" (a lo que uno por educación contestaba, siempre mentalmente: "yaa, pero es que eso sólo es verdad en tú cabeza y la de unos pocos más, que igual necesitáis reafirmaros de alguna manera absurda por algún tipo de trauma por carencia fálica o una niñez infeliz" -por ejemplo y etc.-)... Pero, ay y por no repetir lo del "axioma", un apotegma también firme y poderoso es lo de: "el tiempo todo lo cura"... Incluso la estulticia propia... Ni que sea parcialmente... A veces... Creo, vaya.


Los Kinks, en resumen y más allá del ridículo en que siempre se tropieza quien sea al señalar algo tan evidente, son parte de la realeza de la historia rockera al más alto e indebatible nivel. Una banda cuyos mayores logros deben archivarse, irremediable y directamente,  junto a los equivalentes de lo alcanzado por Beatles, Stones, Byrds, Velvets, Zeps y la madre que los parió a todos juntos... El único problema con la banda de los Davies es que, por su menor sobreexposición (con sana tendencia a la erradicación general ello, de un ya importante tiempo a ésta parte, conviene admitir), "se tuvo que ir a por ellos". Se tuvo que buscarlos, encontrarlos y aprender a quererlos. Pues no queda otra tras asimilar como procede una de las secuencias de discos más definitiva y rica en la leyenda del medio: los Kinks de "el Face" a "Muswell Hillbillies" (esto último una de las disgregaciones, o cambio de tercio, más nutritivas y putámicas jamás realizada por una de las bandas de las realmente grandes y totémicas de verdad, dicho sea de paso), dejando a los deep fans peleándose por el qué se debe sumar -o no- a esa inmortal media docena de incunables. Y, ricemos rizos, todo ello se multiplica hacia infinitos al concretar, ya y de una maldita vez, con el "Village green" de las narices. 


"Village green , el disco que sucedió" (vuelta a la carga, si)... Que ya le regalo el título al erudito kinky que se anime a escribir el/otro libro. Un disco cuyas bondades (y particularidades) se pueden abarcar desde tantos ángulos -y matices- que el tema marea hasta la inevitable caída sobre posaderas propias ulterior... Pero intentémoslo igualmente, claro qué sí (ni que sea de forma parcial)... Tenemos, ya de entrada, la mitología indeleble al trabajo tan famoso por su contenido como por las puntuales circunstancias que lo alumbran (puro "efecto Exile", si): conceptuado, por premisa base,  con visos a un probable trabajo posterior de un Ray Davies en solitario tras quedar del todo prendado éste por la apacible vida y costumbres rurales (y tras el bolo de turno de un tiempo atrás, por alguna geografía concreta de sus tierras)... De dicha y mentada premisa se dispara todo, como un camino a la fatalidad, que a la postre será la mayor gloria, sin remisión posible:  la poca repercusión de algún single concreto, el irse quedando atrás de cara al gran público -ya de forma manifiesta- en relación a sus más granados compinches de tiempos y lugares, la urgencia por sacar "material nuevo" cuánto antes... No le quedó otra, resumamos, a Ray que sacar a su niña dormida del cofre de cristal y arrojar el concepto -y canciones- que tenía guardado para su proyecto/solaz personal futuro... Sumemos ahora la batalla porque fuera doble (no le dejaron -"hijos de puta", añadiría aquí aún desde la humildad y tal-), la ausencia de "Days" o la desconfianza, más o menos, general por parte de la discográfica (más cuando el autor estuvo trasteando con la secuencia de tracks casi hasta el minuto antes de empezarse a editar el álbum -cosa que se podrían haber ahorrado si le hubieran dejado que fuera doble como él lo tenía pensado... "hijos de puta -bis-", vaya-). 


Tras todo ello, se esconde además, el factor "disco sostenido por la prensa/crítica especializada en la historia" (parte significante de ella al menos). Lo que hermana a "la Milla Verde" con "bananas", "marquee moons", el estreno de la banda de los Modernos Amantes de Mr. Richman o, también, el totémico estreno de la Big Star (considerable etc)... "El fracaso más exitoso de la Historia del Rock", diría jocoso Ray mucho después y viendo su status con el pasar del tiempo, en hiriente contrapunto a  lo muy doblada que se la comió el disco en su edición original... Que además no fue apollado a nivel de sencillos a sustraer como debiera (les ahorro ya lo de mentar a la madre de nadie, ok). Y es que la falta de perspectiva (la de entonces, lógico) lo és todo para entender el drama del asunto... Se tenía que hacer "ruido" o, cuánto menos, se tenían que lograr soundtracks para viajes en túnica y coronas de flores... ¿Y qué hace el cabrón de Ray Davies entonces?. Pues el disco de pop nostálgico definitivo de la Historia del pop-rock. Cuando todo el mundo quería fliparlo mirando al cielo o saltar en el pogo de lo "cañero", va el tío y agarra los árboles de la english campiña por sus mismas raices y estira para abajo con todas las fuerza habidas. Pero qué herejia... Teteras, recuerdos infantiles , puestas de sol  y visillos de encaje a éstas alturas... No importó (y durante demasiado tiempo) la variedad de palos que contenía el disco, lo orgánico hasta lo tangible de su propuesta, el que encerrara un "concepto" (¿y no sería bonito que saliera alguna vez algún peso pesado del brit-prog añejo recordándolo al nivel del Sgt. Pepper como fuente de influencia?) más allá de la mera colección de canciones alegremente dispensada rendidas a un "sonido tipo", o -también, y por ejemplo de muchísimos posibles- que mientras en la década siguiente se aplaudieron las extravagancias varias de Mercury en cosas del tipo "seaside rendevouz" no se reivindicara nunca aquella  "sitting..." aquí aparecida y de donde la Reina bebió descaradamente... Muchas demasiadas cosas, siempre  prestas al ninguneo, a obviar, al dar de menos algo sobre lo que, a la postre (recordemos lo del "apotegma"), no cabía rival posible, dada su condición de "único". El tiempo ha puesto, no cabía otra, ésta maravilla en su lugar. "Village green" es tan bueno como el mejor disco de los Beatles o Stones (o puede serlo, sin problema y en el peor de los casos), mejor que cualquiera de todos los otros próceres de la british invasion, mejor (al menos para mi) que cualquiera de los Beach Boys...Lo qué de la maldita gana. 


Y todo ello partiendo del "accidente". De lo que no ocurrió como estaba planeado de inicio (puro screenplay de "Casablanca", si). Y, una vez más, el regalo más memorable es el que no se espera. El que más se cuida y se quiere (y aunque se haya tardado más en hacerlo que con otros... o precisamente por ello). Todo porque Ray tuvo, además, buen cuidado de mantener un tono amable y cordial, alejándose de su tiranía habitual (famosa perse sin requerir de interview alguna a su brother), durante la grabación de aquellos temas. Abrazando lo bucólico a todos los niveles, para que contenido y continente casaran sin mácula posible a encaber. Sin  interferencias de mierdas externas que valgan se crucen, en síntesis. Y puede que a alguien resulte exagerado todo esto por supuesto, se admite, pero también puede que los Davies y cia hicieran el disco de pop británico por excelencia y  por siempre jamás. Incluso puede que de cualquier parte, en verdad... Porque ha sido una -MUY- trabajada victoria, sin duda. Pero aplastante al fin y Sherlock, de una vez por todas, no ganó sólo a Moriarty, Fu Manchú y Drácula, sino a la más peligrosa y siempre perenne estupidez innata de la tan desagradecida especie. Aquí lo dejamos, no tengo porque dar más explicaciones, que ya tengo el carné de la Milla Verde hace bastante  tiempo, yo... Y, ya puestos y para terminar, si no lo véis así -todo esto que he puesto- es que "no tenéis ni puta idea de nada".