jueves, 2 de febrero de 2017

#15. ABOUT... WES ANDERSON

Pues con la tontería se cumplieron el pasado año las dos décadas del "estreno de largo" de Mr. Anderson como cineasta. Ocho largometrajes y una colección de cortos y colaboraciones varias después, creo que ya puedo afirmar firmemente, sin mucho miedo y/o rubor, que estamos con este tipo ante mi realizador favorito de los surgidos en dicho periplo de tiempo. Y muy claramente, además, qué narices. Con toda su ligereza, hasta candidez desmedida a veces, Wes ha acabado por procuparse un estilo, y una capacidad narrativa, propia e inmediatamente ubicable a poco asome nadie por cualquiera de sus films. Lejos de los efectismos "palomiteros" de los Shyamalan, Boyle o Nolan (etc) que desde ya hace algún tiempo imperan, el tejano ha terminado por alzarse en la consabida isla en la tormenta, y superando por el camino (y por pura y dura constancia) las meritorias obras puntuales que algunos reseñables coetáneos suyos como los, a modo ejemplo rápido, Mendes o Payne hayan -y han- podido ofrecernos... Otra cosa es que Yimou se desayune bien un par de días y te plante cualquier barbaridad en los morros, cargándose cualquier estúpido ranking se le cruce en el camino... Pero ese estaba  de antes y es desviarse del tema, si. 

(Wes flipándolo underwater with Steve Zissou)

El colega de farras e inquitudes de los hmnos. Wilson me -como dirían beyond del charco- "campeona" desde las directrices apuntadas por, y para resumir, generar en su obra esa virtud estética que comentaba arriba, sabiéndola aplicar a una narrativa on screen que, siempre o casi, me resulta inefablemente interesante. Magnética incluso en sus lances más logrados. Inconfundible (hasta casi ya el autohomenaje a estas alturas) en lo visual, con un denuedo y cariño que transpira más allá de la pantalla por la música (original o no) que nos sirve en todos sus films, esa facilidad intachable en la construcción de personajes carismáticos innegable (mediante, está claro, a la fidelidad de unos intérpretes determinados más, importante esto, ese conseguir "hacer suyos" sin remisión y de forma natural a los que se van incorporando) y rematando, obvio, por un gusto muy particular por esta narrativa sincopada que pasa de la deleitación por la belleza de lo meramente contemplativo a un correcalles desmedido, o un ardid cómico completamente inesperado, para el minuto siguiente... Por todo ello, digo y sigo, Wes Anderson me merece desde ya (y a pesar de toda la tralla que aún se le presume a sus cuarenta y siete primaveras) un figurar, cuánto menos, en los libros de la historia del medio. Tal cual. 

(Puestos a tener actores fetiche, tampoco es mala elección)

Además de todo ello, donde debiera quedar claro que Wes es -qué duda cabe- un "esteta" sin remisión, si, pero (primordial !) "con contenido" para la ocasión (nada que ver con las Sofias y Solondz de turno), y que sobrevuela a una altura inmedible por encima de todas esas bagatelas de "Junos" y "Miss Sunshines", tan mega "cool" e insufribles para quien suscribe (quien no vea la diferencia entre esas chorradas y cosas como "Entre copas", "American beauty" o incluso "Cómo ser John Malkovich", que vuelva a la casilla "Porkys", por favor), tenemos el hecho de que éste realizador ha logrado una cosa muy difícil en este medio (por la humildad y honestidad se requiere) en su todavía lozana singladura: "autocorregirse". Ahí donde, en cronologías, los Coen la cagan (hasta que lo contrario demuestren y, la verdad, poca sino ninguna esperanza queda ya), Wes ha conseguido regenerarnos a muchos la alegría y buena salud de sus primeros films... Y no creo, no pinta al menos, sea fácil ello. Fíjemonos en los Coen, ni que sea por seguir con el ejemplo dispuesto... Hoy venidos a menos y siendo criticados con vehemencia (y seguramente con toda la razón para mayor inri) por sus últimas obras, este par (para no pocos, al menos) realizaron siete films seguidos de una tacada (los siete primeros y/o  hasta el Nota, vaya) que a muchos nos siguen resultando algo de pura y dura veneración hasta los restos. Desde ahí, y siendo uno "coeniano" además, solo cabe rendirse a lo evidente de que únicamente  en "El hombre que nunca estuvo allí" y quizá, -siendo extra-benevolente-, en su famosa y oscarizada recreación de Cormac McCarthy, se acercarán de nuevo Joel & Ethan a sus mejores y mayores logros remotos... Los que somos (o hemos sido) muy fans podemos tener siempre la mayor de las mejores intenciones llegada la hora de ponderar la nueva referencia que toque pero, aún desde esa tan subjetiva perspectiva, comparar sus dos últimos films, mismamente, con cosas del tipo "Muerte entre las Flores" o "Barton Fink" (o incluso "Rising Arizona", qué cojones), es algo que duele en el alma. Esto es así.... y sígamos en siguiente párrafo, con su permiso.

(Cuando los monstruos se disfrazan de intérpretes pasan cosas de estas, si)

No es algo nuevo ello, faltaría, ese "decaer en calidades" de forma estrepitosa e incluso hijoputesca (a colación de las expectativas a la postre erradas de quien toque) en  "opuses" varios ... Y solo el tiempo, cómo no, nos demostrará si responde ello a un pozo que ya se secó, o por contra, a una (o más de una) piedra puntual en el camino producto de la autocomplacencia. Y curiosa la constante que este último concepto nos trae a veces... Lo hemos visto tantas veces...Pareciera que no hay nada peor para un cineasta, incluso uno de mucho talento, que la lisonja general, el parabien externo desmedido... Ahí, por esa misma razón se puede sospechar sin mucho ambage, tuvimos al Trier puntualmente perdido para la causa en la chirigota "gafapastera" y sin sentido de aquello del "dogma" tras una retahíla de films tremenda, o por ejemplo también, al Jarmusch de esas "Flores rotas" que a tantos entusiasma pero, desde la humildad y tal, me resulta algo directamente impresentable y hueco de emoción alguna viniendo de alguien que se ha marcado maravillas como "Dead man", "Down by law" o "Night on earth"... En el caso de Wes, dicha "autocomplacencia", llegó con su cuarto film: "Life aquatic". Pero por partes, mejor. Tras un primer film divertido pero obviamente no exento de carencias (tenemos en "Bottle Rocket" una autoparodia de Caan magnífica y se apuntan muchos de los rasgos futuros pero, en efecto, hay ciertos sobreafectismos dramáticos que no pegan en algo tan liviano... las "ganas de demostrar" desatada del primerizo, cabe adivinarse aquí -o su "Rising Arizona", a la que no le llega al ombligo ya puestos, particular si prefieren-), un segundo donde la mejora es total que no meramente palpable ("Rushmore Academy" es la leche de divertida y Murray se sale por todos lados, qué duda cabe, en éste su primer film de auténtica enjundia) y un tercero, finalmente, donde ya se empieza a asomar el concepto "masterpiece" desde algunos voceros de "la especializada"  (ya puestos, "The Royal Tenenbaums", aprovecho, es mi película favorita suya junto a la todavía hoy última estrenada -suerte de "cuarto mandamiento" rociada con comedia urbana del mejor Allen y un poco de "absurdo" putámico a modo aderezo final-), tras todo ello (insisto), alguien le empezó a calentar la cabeza a Wes con lo "genial" que era o, tranquilamente, él mismo se vino arriba a lo bestia tras la ingente colección de críticas positivas acumuladas y atenciones por doquier recibidas. Resultado: su primer paso atrás. Cómo no.

(Volviendo a la mejor senda, al fin)

Y, atención, que  "Life Aquatic" tiene igualmente una serie de activos acojonantes: seguramente mi "soundtrack original" favorita en su filmografía hasta hoy reside aquí (y no lo digo por las bonitas covers acústicas de Bowie por parte de Seu Jorge, que ahí quedan también), algunas de las escenas más icónicas en lo visual y algún que otro viraje cómico altamente cachondo también se hallan en este film, si, pero... La historia, aún con todo el embalaje "wesandersiano" a ubicar claramente, se nota menos tensa, natural y fresca, demasiado autoconsciente (debatida en demasia y estructurada en base a un montaje final que, tijera en mano, se sabe espera al final del camino) al comparar con lo ofertado hasta entonces. Aquello del "mola, pero...". Para rubricar dicha sensación, seguirá el que para mi es claramente su referencia menos lograda: "Viaje a Darjeeling"... Que de nuevo, y porque este tipo es muy bueno (básicamente), no es algo que deba tirarse a la basura sin más, ojo. Aquí está la famosa carrerita de Brody y Murray en pos de no perder el tren y con la gloriosa "This time tomorrow" de los Kinks de fondo o, atención, esa especie de travelling frontal de casa de muñecas, ya al final, con el devenir de todas las almas que alimentaron la historia y su suerte al final del relato. ¿El problema?. Pues todo lo que queda en medio. Grandes panorámicas, grandes conversaciones, grandes "lo que sea", pero al fin, a mi todo esto me importa tres mierdas, oiga... Nada, que no conecto (¿seguro qué no es de la hija de Francis este engrudo?, tiene todos los rasgos). Ni tan siquiera la impagable Huston, casi al cierre, puede rescatar algo tan irremediablemente destensado e insufriblemente naif (de verdad que, por numerosos momentos, a mi esto se me asemeja a unos pijos angelinos de "chupi-exóticas-que-te- supermueres" vacaciones cámara en mano que, en absoluto, el viaje de redención zen que parece se nos quiere vender). Y a pesar del par de virguerías apuntadas, en esta (única, hasta hoy al menos) ocasión a lo de "esteta con contenido" se le puede cambiar la preposición del medio con sangrante asertividad. Eso si, aplausos en las gradas, Wes es mucho Wes y le dará la vuelta a ello, a lo grande y como ya se apuntaba más arriba... 

(Divertidísima "masterpiece" para consolidarse del todo... y a esperar la next one con fruición, of course)

Lo siento si me paso de listo al parecer de alguien, -perdón incluso-, pero ese lustro (inédito hasta entonces) que se toma para su siguiente film "normal" (o "no animado", en propiedad) nuestro protagonista de hoy delata, ya del todo, ese darse cuenta de que "no vamos bien" (por la vía ésta del Darjeeling, sobreentiéndase ello)... Había que tomar medidas. Y se tomaron. En medio de una y otra, a finales de la pasada década, el muy granuja se refugia (muy inesperadamente, además) en la animación stop-motion de su cachondísimo "Fantastic Mr. Fox" y, -alehop-, de repente "vuelve a molar", y en la buena acepción de ello (cómo no hacerlo con un zorro-títere que galopa por el campo al son de los mismísimos Stones...nos jodió). Ahí teníamos de nuevo al Wes irreverente y gamberro, nos despedimos del "exclusivamente -o casi- contemplativo" y, en síntesis: nos volvemos a divertir (pues, nadie se engañe, Anderson es ante todo un "director de comedias"). Tras ese "giro hacia la luz", nos llegaba al  fin (ya en 2012) "Moonrise Kingdom", donde volviendo a sus orígenes (infantes mediante) logra al fin sacar a pasear toda su cacharrería habitual por unos planos/secuencias exteriores (obviamente, para cualquiera que conozca el film, encontrables mayormente en la primera mitad de metraje) que son, AQUÍ SÍ (por aquello de estar engastados a un sentido argumental y ser consecuentes a partir de ahí), para aplaudir hasta la autolesión... Puede que, en efecto, estemos parcialmente al menos (que repito lo de "desde la primera mitad del film") ante lo más logrado hasta hoy por este cineasta a niveles estrictamente visuales. Tan arriba llega en esto  que no será hasta revisualizaciones posteriores donde, finalmente,  aprenderemos a apreciar una segunda mitad (y resolución de la historia) que de malo no tiene un ápice y que, en verdad, oferta un logrado contraste, con ese -intencionado- ritmo desbocado y desfilar de roles sin pausa, al comparar latencias narrativas con lo que precede... Así y de nuevo, el cabrito nos alcanzaba su más plausible rasgo distintivo al recuperar, lógico, sus mejores formas:  "llegar a lo grande en emoción/satisfacción desde lo pequeño de lo cotidiano/doméstico". Bravo, si... Pero es que, y esto es lo mejor, para su siguiente película (y todavía última hasta fecha presente) el bandarra se superará ya a lo burro y del todo... Así de cara y desde ya: "El gran hotel Budapest" es una maravilla de principio a fin. Sin mácula ni decaer existente, desde su misma presentación. Divertida, nostálgica (en ese sentido entre lo patético y entrañable que tanto le/nos gusta), muy bonita sin más (aunque con algún lance de mala leche que ahí queda) y con un plantel de personajes tan variopinto como impagable (de nuevo esa tan certera "coralidad" de los Tenenbaums, y aunque aquí los protagonistas son más que evidentes)... Todo "lo mejor de Wes Anderson", al fin,  centrifuga y funciona en este film como debe y se espera. Y ahí estamos, ya para terminar, con las expectativas por las nubes y esperando para ayer la siguiente andanada... Para la que, por cierto, parece ser volverá a la animación... Pues bien por él, oiga, que haga lo que quiera. Ya no tiene que demostrar que es bueno (ya no necesita viajes a ninguna parte), ahora lo sabe y -la cague o no- se intuye fácil que, venga lo que venga, será ya genuinamente "wesandersiano". 

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