lunes, 13 de marzo de 2017

#16. ABOUT... THE AFGHAN WHIGS

Cuando alguien -o una banda de rock para el caso- logra abarcar en un solo y conciso discurso tantas y tantas cosas del agrado de alguien, que vendría a ser quien suscribe -y seguimos en el mismo caso-, como lo que hoy nos ocupa el triunfo, más que estar meramente asegurado, es que, directamente, se torna en toda la baraja entera. Y es que, y aunque en seguida empezamos la verbena, los Afghan Whigs son (para resumir y básicamente) de reputísima madre. Tal cual.

Hagamos glosario: 

- AW tienen influencias evidentes, sobretodo en los primeros pasos de sus tres décadas de singladura ya cumplidas, de dos de mis formaciones preferidas de cualquier época como son los Mats (The Replacements para los herejes) y Hüsker Dü, integrando el arrojo y rabia de los primeros y la distorsión melódica sobreamplificada de los segundos. 

- AW acabarían por desarrollar, con los años, un estilo propio y perfectamente ubicable de primeras que le otorgan ese plus de "sonido realmente único" que nos lleva inefablemente de huertos llegada la  hora de repartir simpatías y antipatías por doquier. Lo que además (ojo) logra a posteriori que, como ocurre con Sonic Youth o Faith no More (a modo ejemplos rápidos), para aquellos que claudicamos la cosa nos alcance cotas de puro "intocables que te mato sin juicio previo si me los tocas". Avisados quedan.

- AW es la banda que incluye guiños al género noir mediante sus letras, fotografías, portadas y motivos cualesquiera habituales. Potenciado ello (y pasando de largo por lo de que es dicho género, y sin comparación posible, mi género elegido desde siempre, tanto para el cine como la para la novela) por la formación en el mundo del cine y la fotografía de sus únicos dos miembros inamovibles -Dulli y Curley, y respectivamente- desde la alineación original.


- AW, sigamos, es la única banda que logra un éxito pleno e indebatible a la hora de fundir dos conceptos tan, presuntamente, distintos como la elegancia soul y el noise garagero más sangrante. Su influencia, además, en formaciones inmediatamente ulteriores como Zen Guerrila o los Bellrays (que en un mundo con mayores o más elevadas miras en el ponderar/exigir hubieran dominado el cotarro en la bisagra neomilenaria en vez de las baraturas fast-food de Stripes, Strokes, Ferdinandos y la madre que los parió a todos -esos y similares-), resulta harto obvia.

- AW, cuyo momento de máximo reconocimiento crítico coincide en plena eclosión grunge a nivel mundial y aún a pesar de ser como Nirvana una banda de la chapa Sub Pop, deciden de forma asertiva y rotunda desmarcarse de toda aquella jerigonza en pos de seguir buscando y matizando lo que a la postre será su estilo propio, tan celebrado y ya arriba mencionado. Mucho es lo que deben a dicha discográfica, ojo nadie se confunda... Desde ser incluidos en aquel famoso disco promocional con su "Retarded" que les pusiera "en el mapa" hace más de un cuarto siglo, hasta el ocuparse de su todavía relativamente reciente (-2014-) "resurreción" actual. 

- AW tienen exactamente la cantidad de "cero" discos malos, entre sus siete estudios presentados hasta fecha presente... Que serán ocho a partir de la primera semana de mayo, con la edición de éste "In spades" cuyo adelanto ("Demon in profile" y ya puestos) es un puñetero escándalo de tema y que ya se espera como agua de... Pues eso, vaya.


... Y "etcéteras varios" que no acabamos, en efecto.  Si treinta años pasaron ya desde la formación, veinte lo hicieron igualmente desde su aparición en el film "Beautiful girls" de Ted Demme, momento en que "el gran público" les puso cara. Pero, al hacer hoy el recuento global, resulta muy complicado no caer rendido ante la evolución y constante crecimiento del combo hasta su disolución del 2001. Y es que en aquellos 90's Greg Dulli (compositor, productor, cantante, guitarra rítmica y front man único y absoluto de la aventura), perfectamente arropado por Rick McCollum como guitarra principal y John Curley al bajo, iba a acabar por destilar uno de los sonidos más oscuramente magnéticos que cualquier amante del rock pasional y con músculo pudiera soñar. Sin efectismo baratos. Directo a la yugular... La clase del night club con el aceite del sótano revueltos en una madeja de imposible desbrozar y un hostiazo -sónico- en los bafles de los de agarrarse uno adonde se pueda. Eso son, en su cima, los Afghan Whigs en definitiva. Y me encantan el primer par de álbumes, me repito y como todo fan de las bandas en el epígrafe que tocó y otras de similar pelaje (empezando por mi favorita ever, Dinosaur Jr, ni qué decir), pero partir de ahí y terminar en algo como la B side de su "1965", describe una de las curvas de aprendizaje más resueltas y putámicas en el rock del último trío de decenios, de todas ídem  y a qué más. Porque veamos...

1) Big Top Halloween (1988). Primera andanada, con un Dulli muy en clave Westerberg y una suciedad de las de "fuzzeo" sin escafandra que todavía se sobrepone de forma poderosa u ominosa, según se escuche, a los matices soul que nutrirán su discurso futuro. A medio camino de sus compañeros de promoción (88') "Bug" de los Dino y "Invisible Lantern" de los también ilustres Screaming Trees (de su buen colega Lanegan), se sitúa este estreno de los que destacaré por siempre el tema homónimo y, especialmente, la tremendosa  "Sammy".


2) Up in It (1990). Con el que fichan para la emergente Sub Pop, giran con Mudhoney y, por supuesto, su sonido en estudio y fuera de él gana, o confirma en propiedad,  el engaste y pegada que tanto se advinaban desde el anterior. Y desde aquí ya no mirarán  atrás, está claro. "Retarded" les da el trampolín necesario y lechazos  como  "Hated" (mi elegidísima del lote) hacen el resto pero, ay, quizá faltaba algo por acabar de cuajar del todo el guiso... 


3) Congregation (1992). Su cruce de Rubicón particular, su hazaña más cojonástica (por lo que deriva) y el motivo por lo que se les debe respeto por siempre, sin puñetillas ni cortapisas medien. Cualquiera de los tres siguientes le vencerá a los puntos (en recuentos particulares al menos y cierto ello), pero aquí se empieza a hablar de "ecos de la Stax" (y/o similares)  en ciertas derivas de su sonido con lo que la banda (AHORA SI) conecta ya del todo con su reconocible "sonido tipo" al incorporar, ya de pleno, los matices soul que tanto y tanto les diferencia de toda la camada grunge. De tener que mentar una...: "Conjure me" que me mata dos veces, si,  pero (nadie se engañe) todo el disco es la leche aunque, claro, palidezca un tanto ante la burrada que seguirá, y... ¿cómo narices no hacerlo?, por otro lado.


4) Gentlemen (1993). Y tan bien salió "el invento" que de seguidilla se marcarían su valorado EP de versiones "Uptown Avondale" (con coverazas de las Supremes y el mismísimo Al Green)... Pero es que ni por esas se vió venir a estos cojonásticos "Gentlemen". Que era como el que precede de burro pero, claro, "con temones". Firman con una "major" y se desatan, ya del todo, con uno de los mejores y más nutritivos discos de su década. Sin más ni menos. El tema titular, "Debonair", "Be sweet", "Now you know" y, por supuestísimo, la excelsa "What jail is like" (mi segunda pieza histórico-afghana forever) les granjean todas las dichas y parabienes de crítica, rematando la faena a posteriori (y a niveles ya de "popularidad global") con su antes mencionada aparición en el film con la Thurman y cia de 1996. Desde ahí, ni qué decir, ni el cielo parecía límite pero, ay caray, Dulli tenía/tiene un problema fatal para con su aceptación total y ya a todos los niveles con esto de la industria: personalidad.  


5) Black Love (1996). Aquí es donde, rechazando la tentación de fabricar un "Gentlemen 2", Dulli (ya líder hasta a niveles de producción desde hace un par de discos, por cierto) expresa su querencia de siempre tan marcada por el cine y la novela negro/a y con ello, por supuesto, se da un sopapo comercial importante mientras, de paso, firma una de las obras rockeras más inmersivas se puedan recordar en el último cuarto de siglo (y ello como poco, al tanto)... La temática de las distintas pistas, el propio libreto interior, el sonido que es ya una nube eléctrica de polución tóxica asolando los bajos fondos (directamente)... Justo en la obra más personal y valiente es donde todo cristo parece darle/s la espalda, si. El problema, y la contrariedad que no paradoja, es que estamos (en efecto) ante un disco acojonante en todos los frentes. Llegado el momento de conquistar el planeta, esta gente acomete la temeridad de hacer su "disco para deep fans" absoluto. Y bravo siempre por ello, ni qué decir...  Oh, ya puestos, ¿expliqué que aquí está además mi tema favorito del combo ("Honky's ladder")?.


6) 1965 (1998). O el disco que hay que recomendar a cualquier persona que quiera introducirse lo más rápido posible en el universo de ésta formación. Su paso de Elektra a Columbia no es sino lo más parecido a un "best of" sin serlo que nunca hayan realizado. La destilación perfecta de "Congregation" y "Gentlemen", sin bajarse del burro con los motivos oscuros del anterior para la parte final del álbum. Complicado sino imposible quedarse con una... Quizá "slide song", regada como está de esa épica tan marcadamente de menos a más que tan bien saben cuadrar los canallas.


7) Do to the Beast (2014). Y volvieron a la carga, claro qué sí... O volvió mejor dicho, porque excepto las infalibles cuatro cuerdas de Curley, ya nada queda del combo original para acompañar a Dulli. Al igual que otros superhéroes del indie rock (cuando ello era algo significante y no una sección del fnac) como Dinosaur Jr y Pixies, volvían los Whigs tras largos años de ausencia y tras algún buen resultado -quizá inesperado- para la chirigota veraniega de reunión de turno... Desde ahí, sin alcanzar lo inalcanzable de los de Mascis desde "Beyond" y  en adelante pero muy por encima de lo ofertado por los duendes bostonianos tras su resurgir y hasta hoy (y por seguir con los ejemplos), "Do to the beast" adolecía de la ausencia de la añorada guitarra de McCollum por un lado, pero (al tanto) presentaba un ramillete de canciones a considerar muy seriamente. Mucho más allá, en cualquier caso, de lo del "caprichoso disco de vuelta", que nos quedó y queda ello. Y es que, aunque no estemos ante uno de sus mejores tres discos (puede que ni cinco) conviene  recordar que estos no bajan del notable NUNCA y que, igualmente, estamos ante el disco de algo tan descomunal como "lost in the woods"... Cuidadín.


8) In Spades (2017). Repetimos, hasta primeros de mayo nada, pero iteramos igualmente: el adelanto por de pronto es la leche. Aunque... ¿y cuándo narices hicieron estos/éste algo malo?, claro.


Y con ello que se despide el asunto, cómo no:

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