lunes, 30 de enero de 2017

#14. ABOUT... STEVEN SPIELBERG

Cuando no hace demasiado se me ocurrió escribir en cierta red social, así a pelo y sin paracaídas, un listado con mis cincuenta realizadores favoritos de siempre en esto del cine (y por órden de preferencia además), tuve que hacerle un hueco (aún a pesar de preferir todavía algunas otras opciones de tantas habidas) a nuestro protagonista de hoy. El 48 si mal no recuerdo. Y el motivo es claro: en el cine de aventuras, y admitiendo ese subgénero como tal, el tipo me parece el mejor sin paliativos ni jerigonza se cruce. Tal cual. 

(el Midas del celuloide, el fucking master palomitero, indicando por donde se pasa a los críticos e historiadores del medio)

Eso por un lado... Por otro, la cosa cambia dramáticamente (siempre en las cuentas propias), me temo y cuando nos salimos de ese "cine de aventuras". Ahí, mi opinión sobre los logros y "arte" del Sr. Spielberg decae no mucho, meramente, sino del todo. Utilizaré al respective la habitualmente interesante opinión, excepto en esto muy puntual -aunque recurrentemente por él recordada... demasiado en verdad- para mi, del cineasta Rodrigo Cortés desde ese bendito y entretenido programa/podcast de Los Todopoderosos. No hay maldita edición de dicho espacio, o casi, donde dicho artista se recrea (ni que sea un algo) en ensalzar -de forma desproporcionadamente hiperbólica- las virtudes del cine, así en general, del Tito Esteban... Moneda corriente son andanadas como "visualmente inalcanzable en toda la historia del cine", y/o variantes por docenas de ello y a disponer... Error y garrafal. Dejando de lado que es cagarse en la historia del medio, así de gratis y porqué si, Spielberg me resulta (siempre fuera de "lo suyo", que lo recordaré siempre para que nadie se me enfade) un realizador absolutamente plano y falto de interés... entre otras "lindeces" que a continuación paso a relatarles.

(Nos vamos a forrar con esta mierda, barbaaas !)

Ya hace mucho tiempo que, llegada la hora de enfrentar una narración audiovisual cualesquiera, tengo una inercia natural a respetar y admirar especialmente a esos "artistas/ entes creativos" cuya actitud hacia su propia obra y para con el espectador es la de: "mira, yo te explico lo mio y si después te emocionas o te llega, o lo que sea, eso ya lo decides tú"... Los elementos estetas, en lo visual en el aspecto, son pluses. Y pluses sublimes a veces, pero no indispensables en las últimas (Sidney Lumet hizo un prodigio en su primer film con doce tíos encerrados en una habitación, vaya por ejemplo fugaz). Si tanta importancia le diera a ello, para sintetizar, sería un irredento seguidor de Tim Burton... Y pocas cosas más alejadas de ello, ciertamente. El cine de Spielberg más allá de esconderse en las maravillas de Williams (etc), y más allá de Indy, Tiburón o cosas más ligeras como esa "Atrápame si puedes" donde si se le nota cómodo y natural... o incluso su recreación animada de "Tintín" (que está bien divertida), se me antoja falso, artificial y despersonalizado por completo (tampoco ayuda que aún dentro de ese "lo suyo" tenga films altamente cacareados pero que al menda le parezcan inexcusablemente sobrevalorados  -"Encuentros..." o "Parque jurásico""- o, directamente, insoportables -"ET" o "Hook"-). Cuando veo cine del "Spielberg dramático", siento que me están tomando por imbécil (y lo seré, seguramente, pero no me gusta que se me recochineen al respective y porque si)... Es como si me llevarán de la manita. Como a un niño de teta o poco menos. Solo falta que en cada escena ponga entre paréntesis on screen: "ahora toca llorar", "ahora toca reir", "ahora preocúpate"... Me da igual las presuntas complicaciones técnicas de las set pieces, y ejerciendo de abogado del diablo aquí, que realice... Siento que me están idiotizando y, honestamente, ya me considero bien servido en ello (muchas gracias)... Aquí (con la incapacidad de este realizador para generar emoción real que no impostada/artificial), además, podría hacer taaanta sangre... Ejemplo rápido para que no se me abra la úlcera: esa intro videojuego (borbotónica, desestructurada y sin medidas -puro clip musical-) que para mi es el inicio de su celebrada Ryan, en contrapunto (buscando referencias similares en tiempos y temáticas) al temple y oficio de Mallick en su delgada línea, o ese Brody caminando entre lágrimas y ruinas en la gloriosa parte muda que Polanski se marcara para su pianista, duele, chirría como todos los cuchillos del teletienda nunca habidos atacando una pizarra...  Directamente y sin más.

 

El epítome de todo ello (de "tanta bilis", argüiría aquí un incondicional del barbudo Midas de Hollywood), el asco máximo, lo encontramos en esta celebérrima escena de la ducha de Schindler... Más que posiblemente uno de los momentos más entera y absolutamente detestables de la historia del cine, para mi. ¿Se puede ser más efectista, artificial y barato?, por el amor de todo lo sagrado y lo que no. ¿Hasta aquí, en esto, de verdad Steve?... Y después lo de las piedrecitas para terminar (tócate lo tuyo !)... Pooobres mujeres judías que las van a gasear, todas desnudas y llorando, ay que desazón me invade, pero...Ah (o "uf", si prefieren), menos mal, que al final es agua (jacaranadas y alborozo: suspiremos todos con gozo y alegría)... Me-nu-da mierda, Sr. Spielberg... Claro, esa manera de entender el cine, legitima de alguna manera a hijos suyos como Shyamalan, Nolan o Boyle para, con todo su "brocha gordismo", garrafero e indisimulable por montera, ser referencias en el cine actual... Hay que vender cine, que hacerlo es muy complicado (por lo del talento necesario y eso), diáfano ello. En fin le repito, Sr. Cortés, lo que le puse de comentario a colación del especial Lynch (donde das una exhibición de conocimiento y devoción por el cine impagable -y a pesar de dejarte "A straight story" por mencionar... que ya es tenerlos cuadraos-): cuando te quejas que el éxito en taquilla de rarezas/peliculazos como "Corazón salvaje" son hoy impensables por -parafraseándote- "lo mucho que hemos aborregado al público entre todos", no entiendo -por contra- como puedes tener tan sobrevalorado a Spielberg, fuera del medio del que nunca, jamás y por dios, debiera salir... Quejarse de los incendios y ser fan del que inventó el mechero (no por las referencias concretas sino por la manera de entender/usar el medio que apenas  arte, al humilde considerar personal, en sus manos), me reitero en esto también.

(ese momento patriótico en que da igual si matan a dios y la madre porque hay que verlo todo desde la perspectiva del protagonista -un niño como casi siempre además, claro- y hay que generar la emoción "X" y punto)

En resumen, siempre han habido adeptos al "gafapastismo" (los que hoy seguirían las "maravillas" estetas sin contenido de los Solondz o Sofias de turno), lo mismo  que el público que, sin más, se mete en un multisalas para comer palomitas y "echar la tarde" (meramente pero, ojo, que en su derecho están... otras cosa es que llamen "cine" a "Fast and the furious 6" o "Torrente 4", pero eso ya es otro tema, si). Pero, con el pasar de años y décadas, algunas formas (o subespecies, si prefieren) de espectadores se han ido aupando hasta el constar de facto... De entre ellos, los que más ruido vienen metiendo de unos lustros para acá son los llamados "freakies". Que, sin duda y aunque hoy pareciera que es "freakie" hasta el gato la portera, están bien y (sin duda, igualmente) muchos sino todos "ejercemos de" con determinadas cosas. En concreto, a distintos niveles y para esto del cine, los hay de Batman (o los superhéroes en general), de Star Wars, de memorabilia ochentera, del niño mago los huevos, los anillos y lo que se quiera... Hasta los hay "hard-coreros" de las B-movies (posiblemente con la jeta de Tarantino tatuada en la nalga), el gore más nauseabundo o las series manga (inabarcable etc.). Y como tantas cosas, insisto, está bien (sin condescendencia alguna medie) pero, como tantas otras... hasta que la cosa se sale de madre. Sintetizando: no solo de caviar y jamón de veinte jotas se vive, a veces unos ganchitos también apetecen... Y el "cine freakie" (del que Spielberg es santo y patrón, tanto como realizador como figurando en producciones varias) mola, entretiene... Pero, por mucho que hoy en día se haga -sin vergüenza medie- proselitismo hasta de los mejores capítulos de "La Patrulla Canina" (por ejemplo), no deja de ser eso: "ganchitos". Y aún por mucho pueda molar lo que sea a quien sea. Por tooodo ello, ya a modo carpetazo final, todo mamífero que apunte en la dirección que Spielberg merece siquiera sentarse en la mesa de los Lang, Ozu, Welles, Hitchcock, Wilder, Ford, Kurosawa o Bergman (y muy considerable etcétera), al paredón no, ok, pero una semanita a trabajos forzados yo lo ponía sin demasiado problema, la verdad... Y punto.

lunes, 23 de enero de 2017

#13. ABOUT... LED ZEPPELIN

Para este primer texto 100% original en el nuevo espacio (que hasta ahora todo son "recauchutadas" desde el blog original), decido ir sobre seguro con algo que, de tan definitivo, nos sobrevolará a todos hasta el fin de los días y tal cual. Esto és (o nos resulta a un ingente incontable cuanto menos):  los Led Zeppelin de marras. 


Zep, los Led, los Zeppos, Zeppelin o como quiera dios tenga a bien reconocerlos quien toque son, ya de entrada, un fenómeno a la par con cualesquiera de los íconos más granados y recurrentes jamas surgidos desde la jerigonza ésta del rocanrol y sus incontables derivados. Tratamos aquí a la banda que más discos ha vendido (todavía hoy, en 2017 y como es harto sabido) en la historia del medio solo por detrás de los cuatro de Liverpool. Tratamos a un cuarteto que barrió con toda competencia posible a su paso en la bisagra 60's-70's, todavía (y de pleno) en esos dos o tres lustros donde se concentró casi la totalidad de lo mejor y más necesario que la gran mayoría de amantes rockeros de pro siguen contando. Tratamos también a algo que en su momento se pasó por la piedra (y por mucho que los "a posteriori", desde una perspectiva presente, puedan proyectar dudas) a los grandes nombres del prog-rock, el glam, el folk rock, el blues rock, los remanentes aún en activo de la british invasion y lo que quiera dios se pueda o pretenda recordar.... Y sin sacar singles. Tratamos demasiadas cosas aquí pues, claro está, tratamos igualmente y en definitiva a la banda del exceso por bandera. Y ahí que aparco ya los tópicos más concurridos (que esto se podría estirar hasta el desmayo), dando por obviados otros muchos lances de su biografía... Innecesario del todo ello, está claro, en estos internáuticos tiempos donde cualquier mendrugo teenager (o no) puede descargarse su discografía en menos de veinte minutos, comprarse cien libros a costa de su histórica singladura en Amazon y hasta -ya puestos- atreverse con los primeros acordes de "Stairway to heaven", antes siquiera incluso de terminar de leer este texto (etc).


A partir de todo lo vertido, llega lo más divertido (para mi): apretarles el bozal a todos sus "haters", más o menos encubiertos y para que rabien y arruguen narices con la mayor enjundia posible. Que los hay de haters, ojo,  y la de "diosescristo" además, desde el momento en que para "los fieles" cualquier persona que trate siquiera de relativizar la importancia  y necesidad de su impronta en la historia ejerce en la últimas -y sea conscientemente o no- como tal. Vamos por puntos, ni que sea por temas estético-estructurales: 

a) "Casi todas sus canciones son plagios"... Primero que de "casi todas" nada; segundo que han superado con la boina a todas la originales -presuntas o no- cuando han "tomado prestado"; tercero lo del "the singer not the song" que decían sus satánicas; cuarto que si nos ponemos en este plan de niño repelente-tiralevitas nos cargamos, ya directamente, hasta el "Tambourine man" con el que se estrenaron los Byrds (una de las cinco o diez -nunca menos- mejores bandurrias ever);  quinto que la envidia/rabia es muy mala y por mucho que os amarréis algunos ciegamente al "ninguneo zeppero" por sistema, y tirando del socorrido ardid de este punto, vuestra banda favorita será inefablemente inferior (a no ser que seáis "bitelmaníacos", obviamente). 


b) "Page era el peor de los tres guitarristas de los Yardbirds"... Primero, segundo, tercero y hasta décimo si quieren:  y unos cojones ! La comparación posible con los blueseos de Clapton solo existe en la cabeza de los fans del propio  Clapton (y, atención, insisto:  meramente "la comparación posible") y Beck... Bueno, este me parece otra cosa (más versátil e infinitamente menos planote en registros que Mr. Cream), pero aún y así, el arrojo de atreverse con todo (y salir airoso de eso mismo) de Jimmy no lo acabo de encontrar plenamente, siquiera admitiendo -que es de cajones- lo tan necesario y edificante en bondades de tamaño monstruo de la seis cuerdas.


c) "Plant tenía voz de pito (-o similar-)"...  A ver, que esto es de primaria en esto del rocanrol... Para acceder al grado de grandilocuencia total de esa música, con todos sus palos a encaber (y que llegó a lugares a los que se llegaba por vez primera entonces, no se olvide), se  tiene que ir perentoriamente "más allá"  a todos los niveles... ¿Por qué Zep arrasó sino con todo a su paso en sus años de bonanza?, hagámoslo más fácil: pues porque además de tener una base rítmica solo comparable a la de los Who en la historia y uno de los mejores guitarristas de siempre, tenían un cantante -proveniente del R&B de manual ya puestos- que podía pasar de lo más meloso o arrastrado (según convenga) a una sirena de evacuación por invasión alienígena como quien se quita la pelusa el ombligo. Esto es así. Que no falte nunca quien le "culpabilice" por los agudos característicos de parte del ulterior heavy metal es algo tremendamente injusto y sencillamente anecdótico (afirmar eso, sin rubor alguno -y obviando lo "faltón" que resulta para los incontables  amantes de ese subgénero-, delata por defecto al que no salió jamás de los "greatest hits" de turno, es un hecho). Sin más. 


d) "Los Who/Sabbath/Purple eran mejores"... A ver, así en resumen: "ni en sueños", "¿será una coña, no?" y, finalmente, "tú estás chalao, hombre".  Los del medio (sin negarles su importancia seminal que tanto pesa a algunos seguidores añejo-puristas del medio) sólo si hablamos en clave de cachondeo, directamente; los terceros a pesar de la admiración que tengo desde ni me acuerdo por Blackmore y, especialmente, Lord, nunca tuvieron la pegada y concreción zeppelinera ni de lejos (explicado esto, además, por alguien que tiene "Machine head" entre sus intocables de siempre -que cuidao, que mato- y que compró el totémico doble japonés antes de cumplir la docena de años por allá los mid-80's); y quedan los Who, claro... El mascarón de proa para los "ninguneadores" (oficiales u oficiosos, y a la hora de comparativas varias) de nuestros protagonistas de hoy. Y, ojo, que esto hasta lo puedo entender y todo (son dos de las diez mejores bandas ever, también para mi y en definitiva... me pasa, eso si, que Zep son la segunda y los otros la décima, claro). Hagamos la comparativa de las narices, en cualquier caso... Si tiramos de discografías, Zep se los comen crudos (lo indecible de "más" en mucho menos tiempo); el directo: según los testigos de la época -recogiendo testimonios de aquí, allá y acuyá- en su mejor día los Who eran imbatibles pero, ay, resulta que los Zep siempre -o poco menos- tenían ese "buen día" (y van dos); parcheadores: los nietos de nuestros nietos (y por mucho que algún erudito de pro lance al tapete ahora al Ginger o Bozzio de turno) seguirán debatiendo entre Moon y Bonzo hasta el fin de los tiempos, me temo y, básicamente, porque la historia ha tenido a bien reconocerlos (y ahí que siguen) como los dos mejores baterías del Rock;  bajistas:  esto me jode  un poco, no lo niego... Jones, más allá de lo putámico que era arreándole a lo suyo,  se merece un monumento en cada ciudad donde exista un tocadiscos en la Tierra (el genio arreglista en la sombra... el truco final de Zep) pero, ay, The Ox es mi bajista predilecto desde ni me acuerdo... mi referencia definitiva en ese instrumento (y que me perdonen hasta los fans de Pastorius de ser menester, pero es lo que hay) y digo más, si "el Leeds" es uno de mis cinco discos-live de siempre es, casi en exclusiva, por el placer que me sobreviene escuchándolo a él (muy por encima de cualquier virguería, y con la barbaridad que ello pueda acarrear a quien sea, que los otros tres puedan estar realizando cuando sea)... John Entwistle és -y será-  el puto Sam Cooke de las cuatro chords para el menda y no se hable más; dando carpetazo rápido al hecho de que, por mucho chorreo de voz medie, Plant (de nuevo por variedad y posibilidades a materializar desde ahí) es bastante más cantante que Daltrey (y bastante más regular y fiable en los "lives", por lo visto), solo queda ya el "vs" de los jefes (les regalo lo de las ventas de discos y la superioridad manifiesta en el acervo popular/global, por ser uno así de majo, miren)... Townshend, no me escondo, es un tipo que se me mueve de siempre entre lo antipático y lo insufriblemente resabido, por mucho genio sea (lo de darle en los morros a Lydon tiene su guasa eso si, ok). También hay que entenderle, ojo... Con los fab-4 ya disgregados (como los Small Faces), los Stones exiliados por problemas con el fisco o los Kinks más preocupados de expandir fronteras en su discurso que de recrearse en hits poperos, era el momento de acometer "la invasión del trono" (como mínimo británico), que pensaría Pete... Y no. Como todo cristo, The Who fue atropellado sin remisión por el omnibús zeppelinero (rematando el tema con que el año que debió ser suyo de todas ídem -1972 y girando al sacrosanto "Who's next" del año anterior mediante-, y en el que "los otros" no sacaron disco al fin, van "los exiliados" y se marcan el doble por antonomasia en el medio que nos ocupa y, por si acaso y mismamente, un chavalín con mirada bicolor, y que ya la venía liando parda, lanza no se qué verbena con unas arañas marcianas y demás...). Un tipo, cuyos remotos virajes a la pura genialidad (repito por si acaso) me quedan más allá de toda duda, pero al que se le puede recordar ninguneando a su propio cantante (sin problema o pesar medie, además), o hablando con intencionadísima condescendencia de los putos Zep a poco se pueda, se retrata solo en definitiva ("me caían bien pero no me gustaban", que sería la cosa para resumir -me temo se mezcla la ambición desmedida y truncada con un rencor palpable, en esto... quizá nunca le perdonó a Page que le hiciera el solo, como dios manda, para la edición en disco de "I can't explain", quizá y a saber todo ello, si-). Vaya, que ya puede haber roto todas la guitarras que quiera o hacer los saltos del canguro más famosos de siempre que la gana le dé... a rueda de Jimmy (cuya banda -o esa impresión nos deja el cuento, al menos- estuvo más por tocar y sudársela todo lo demás que otra cosa) por siempre jamás. Y punto.


e) "No sacaron singles pero vivieron -y viven- del cuento de sus hits plurirradiados"... Pues miren uds: creo que no existe ninguna banda que haya hecho cosas tan distintas y tan bien siempre. Aunque han habido bandazas (me vienen de primeras Queen o Faith no More, ahora mismo) que han jugado esa carta del exceso desde lo "multidisciplinar", de lo heterogéneo por montera, al final siempre está ese enorme tabique, tangible, en que son esas bandas haciendo un trasunto de género parcial (dejando pesar inefablemente más, y sea de forma consciente o no, el "que se note que son ellos" antes que el empaparse de pleno y de veras en el género abordado que toque)... Zep, guste o no de ver, tiene "temas clásicos" del más alto nivel en el folk, el prog, el hard-rock, el r&b (etc) que son temas clásicos "puros" de esos géneros tanto como del opus propio. Los ejemplos son tan ingentes que ni me arranco con ello. Todo ello desde la mayor subjetividad habida, está claro, y (por ello) desde una premisa que deja lo gratuito tan atrás que da, o puede dar, risión el tema... Lo que se quiera y más. Pero eso me transmite de siempre la música y legado, sin par más allá de "los de Liverpool", de Led Zeppelin. Cuyo parangón y ascendencia a lo que debe ser (o puede llegar a ser en su mejor y más "putámica" forma) una banda de Rock, sigue siendo el modelo, la hoja de ruta por definición a la que muchos nos evocamos inefablemente, aún tantos lustros y décadas después.


Y ya estaría la cosa, al menos por hoy, que no descarto una "parte II" con este personal de por medio. Tal es la admiración propia por esta formación que nos dejó un mundo entero, encerrado hasta el fin de todo, en apenas una década de singladura, así como una serie de discos en los que perderse, sin cuidado ni pacatería alguna se cruce, me sigue resultando una de las grandes cosas de la vida ésta. 

jueves, 19 de enero de 2017

#12. ABOUT... THE WIRE

Uno de los axiomas más vehementes (y pocos no habría) de la casa sería: "Twin Peaks es lo mejor que ha ofrecido la televisión, como producto 100% televisivo -entiéndase-, y punto leños"... O similar, claro. Además suelo añadir algo en la linea "de la mano con el Flying Circus pero eso ya es otra historia..." para, posterior y finalmente, quedarme tan ancho o más (a veces levanto la mano extendida y hago un barrido a la sala añadiendo "va por ustedes"... hasta que descubro que estoy solo en dicha sala y entonces me siento un muy gilipollas, si... pero eso, adivinaron, también es otra historia). 


Por otro lado resulta innegable que en los últimos dos-tres lustros vivimos en una ya más que evidente "edad dorada de las series"... Lo que, obviamente, ha acabado por saturar el mercado y, cada vez más, uno se ve obligado a dejarse cornás para encontrar lo que realmente gusta e interesa (cuestión de gustos, como siempre, que las flores y la mierda se enfocan o no en función de quien observa -aunque, me acelero a convenir, hay puntos de encuentro demasiado sonados como para ser tomados a la ligera-). Dos denominaciones de tres siglas que destaco yo de forma perentoria: HBO (por sus ingentes virguerías) y BBC (por interesante número de miniseries ya a considerar muy seriamente de un tiempo a esta parte)... ¿Recomendaciones muy expresas de la casa de lo uno y lo otro?... "Los Soprano" (soy la releche de original, si) y "The shadow line"... Pero, ay, hoy toca rendirse a otro tipo de evidencia: "The wire". La única y obligatoria obra maestra que me cierra el hat-trick de series ever, empatando con la gente del Bada Bing y solo por detrás de las, ya legendarias, pesquisas de Coops y Truman.


¿Y por que "The Wire"?, ¿qué tiene de especial más allá de ser tan devastadoramente putámica?... Pues miren, y partiendo siempre de consideraciones propias, creo que al fin encontré el culmen de porque esto resulta tan especial y admirado por un ingente de fieles alrededor del planeta... Nunca, NUNCA, ví un caso de serie aupada a estos niveles directamente por el espectador, por el boca a boca y donde tanta gente claudicara a la vez... "The Wire" fue descubierta por muchos cuando ya iba por la mitad sino después en el mejor de los casos (fue el archienemigo Nikochan en mi caso, no podía ser otro claro, el que me habló de esto por vez primera y  a quien debo gratitud por ello hasta el minuto final)... Que mucha gente, la mayoría me atrevo a afirmar, se hizo "fans" cuando el asunto estaba finado hacía ya la tira. Y es que este serial, aunque "obra" sería aquí más justo y en efecto, es algo de la que gente, y gente muy distinta, me ha hablado/recomendado durante su emisión, al terminar -o "a punto de"-, o también (y se insiste) cuando ya llevaba varios años rubricada. Me rebozo sobre lo mismo: si analizo un algo el fenómeno "The Wire" me doy cuenta que es algo sin casi promoción al compararse con algunas series de "sus años", maltratada por defecto por la televisión (más allá de los sibaritas abonados al canal de pago yanqui al que pertenece) y que, por contra, ha generado un cultura propia y ubicable de primeras, y que no hace sino crecer con el tiempo, a base de un único y poderoso concepto: talento. Puro  y duro. La serie de David Simon tiene un carrusel de personajes carismáticos e inolvidables, algunas situaciones (y de todo tipo) que para mi son ya historia del medio audiovisual (y ruego se repare en la elección de palabro), una duración perfecta donde nada es ni parece añadido (más larga era una estupidez con esa gloriosa despedida y más corta quizá, -solo quizá pero quizá al fin-, no hubiera resultado a la postre algo tan tremendamente épico) y, para no alargar más, el mejor final que se puede ver avezado a algo susceptible de llamarse "serie". Tal cual se lo digo.  No taladro más y recuerdo que esta "sección" no va de otra cosa que el plasmar una idea general propia de quien suscribe sobre lo que quiera diox me dé por tratar... Y es por ello que no entro aquí en los detalles mil que, para la ocasión, me convierten la visualización de "The Wire" en algo absolutamente insaltable a nivel televisivo, audiovisual, universal o lo que de la puta gana... Obra maestra, así en general, para resumir del todo y ya sin más.

#11. ABOUT... ELVIS COSTELLO

Pues mire usté, toca hoy el "about" de mi músico de "isla desierta". Desde ni me acuerdo y tal cual de burra y flagrante es la cosa. Desde ahí, le puedo poner todo el azúcar y sal que quiera, darle vueltas y meneos al tema un par de ciclos lunares o, por qué no, liarme a repartir asteriscos (a posteriori) en el texto con puñetillas mil, etc... Pero, caray, al final volveré siempre una y otra vez a la primera frase. Esto es así y ni se quiere ni se puede evitar. ¿Y por qué Costello?. A veces, muy de vez en cuando, trato de sintetizar la razón, el motivo de tan tajante e imbatible devoción. Y más con un músico éste que, para más narices, puede alejarse tanto y tantísimo a veces de mi inercia natural en las querencias personales . Ejemplo: mi banda predilecta por goleada irremontable en el último trío de décadas son Dinosaur Jr (nuevo disco en agosto y espero se lo agencie todo dios que su felicidad rockera está en juego) y, ni qué decir, MacManus tiene poco tirando a nada que ver con ello...  o a no ser que practiquemos un enfermizamente asertivo ejercicio de curvas hasta que se encuentren de forma inesperada y bajo el inconmesurable contexto/crisol de la historia rocanrolera toda ella (que, y como casi siempre, seguro aparece el cabrón de Dylan haciendo de, insospechado a priori, gancho del todo en algún momento... Dylan-Byrds-Lowe-Costello y/o Dylan-Young-Hüsker Dü-Dinosaur Jr... y ahí lo tienen más o menos).


También es verdad que, y también a veces, me invade la mosca cojonera del pensar algo en la dirección de: "y no será que me he acomodado en mis gustos con los años y como éste tío tiene un bagaje y variedad de palos que -básicamente- mola la de dios, amén de tener el consenso casi total de la parroquia rockera-añeja más exigente, pues mira, en resumen y por pura vanidad y tal... ya me está bien quedarme con el gafotas de marras como super-mega ídolo total del tinglao este de las guitarritas"... Bueno, -para no alargar más de lo que todo apunta se alargará esto-, eso se me acaba al escucharle ni que sea coger aire al puñetero y, por ende, lo descarto desde ya. 


Por supuesto, lo lógico de reconocer que ni es el mejor ni el más importante. Uno de los grandes si, y ya desde hace un tiempo que está más que claro (al contemplar su obra, a día presente, me resulta indebatible que ha vapuleado sin compasión a todos sus compañeros de promoción uno/s tras otro/s a excepción de Waits -que es "el otro" que puede sentarse en la mesa de los más grandes siendo más o menos posterior a ellos en cronologías, sin duda, aunque puestos a limar del todo y en propiedad empezó unos pocos de años antes-). Para mi a la mejor voz que existirá jamás en el rock, el soul, la polka o la ciberchatunga la mataron a tiros en un hotelucho de mala muerte por allá el 64 (la capacidad de transmitir emociones de "su souledad" Cooke és y será inalcanzable por nadie para mi y fin -mi Elvis Presley, vaya-); no puedo encontrar a nadie que me haya hecho tanta compañía en las escuchas domésticas como Reed y esto también es tal cual; desde ya hace algunos años tengo en el sinpar señor Randy Newman a mi superhéroe definitivo en lo que a songwritters pertoca... y no acabaríamos: la clase de historia en sesión continua de Zimmerman que todo hace y todo lo puede, la emoción electrificada hasta el puro llanto de Neil,  la adictiva y tan preciosa tristeza de los Drake o Elliott (si si, a ese nivel lo tengo), los mejores fuegos artificiales nunca vistos en este rincón de la realidad conocida por parte del aún llorándose Bowie, los veintisiete arpegios por verso en la voz que te casca Joni,  o el sentimiento que el gran Otis podía hacer aflorar desde cualquier composición, faltaría pluses... lo dicho, que no acabaríamos, porque la lista de los que servidor considera "los grandes" es demasiado complicado de acabar de perfilar plenamente y a colación, fijarse, tan siquiera he mentado a banda alguna (con los que firman solateras ya me ha sobrado para el desfile de tótems)... Y, volvamos ahora, ¿por qué -entonces- Costello?. La explicación que hoy por hoy más me convence y agrada en siguientes párrafos.

En lo formal, Costello tiene un registro de esos más o menos rasgados y/o canallas que me llevan siempre de huertos (Mike Scott y Westerberg son dos de mis cantantes favoritos como rápidos ejemplos recurrentes) teniendo además la capacidad -el muy cabrón- de desdoblarlo en algo que de tan dulce salpica mermeladas (Brian Wilson y Macca son dos de mis...). Pero yendo más allá de eso, -su impagable pericia como cantante e intérprete lo vamos a dejar en la carpeta de "obvios" en esta ocasión-, se me ocurre una razón que, al final, es la última de todas: Costello me parece el cantante más clara y netamente "humano" que existe. Y de ahí, o eso creo, mi debilidad tan sentía... Detesto, odio incluso a veces con toda la mezquindad que integra, a los "udoses", "bon chonis" y "colplais" de este mundo... Músicos que considero como algo simple y llanamente falsarios y -sobretodo- "expositivos" sin más (con su emoción tan grotescamente fingida y con su armazón de mentira... espoleados siempre por la ambición sin límite por ser lo más de lo más y punto -Bono se toca seguro cuando se ve en sus karaokes en directo, si, esos donde como un 75% de lo que se oye no lo hace la banda en ese "directo" por el que se ha pagado una buena lana, el pedazo mierdas-). Y luego esta lo de "las poses", claro... Gentes, sobretodo en el último cuarto siglo con el desborde ya total en los medios  audiovisuales, que se han hecho nombre, y hasta casi leyenda, gracias a los media de tendencias y abrazando "sonidos" y/o "aspectos" pero de los que todavía se esperan -básicamente-  "canciones" y -especialmente- "discos". A Costello lo segundo le pilló ya demasiado curtido y, directamente, resulta justo lo contrario a lo primero...  Costello es el cantante de la rabia, los celos, la ira, el reproche, lo enfermizo y, a la postre, de esa "humanidad" que antes mencionaba. Con los años el cinismo y la ironía fue sustituyendo a sus más beligerantes hermanas pequeñas de los inicios (su primera casi inalcanzable primera década de singladura) y hasta se permite ya de un buen tiempo a esta parte algunas cándidas merendolas silvestres, ensoñaciones y nostalgias varias o caprichos donde, sin más, pueda desplegar sus incontables inquietudes (del country a la clásica de un disco para otro y con la risa). Pero, atención malechores, la bilis está siempre y siempre lo va a estar... de base y presta a saltar desde la maleza  aún cuando menos se espere (antes era un hachazo en pleno occipucio y hoy una frase recargada de doble sentido punzante -toda una especialidad de la que ha hecho arte- sin más, pero que ahí está igualmente). No recuerdo bien donde lo leí pero, desde luego, lo de "el frasco de veneno envuelto en guante de terciopelo" me resulta siempre una de las mejores formas de plasmar el acervo y legado costellero. 


Y a vueltas con lo mismo para despedir ya el asunto (que, en verdad, de este músico creo podría hacer un texto sin cerrarse jamás, en expansión continua, y sin demasiados problemas)... Donde todos los demás -o casi, volvamos a "los grandes" de ser menester- quieren ser el niño bonito, el mírame que soy una star, Elvis Costello ha tejido y acabando por configurar un descomunal monumento de honestidad, certera y desgarrada a la par, sin parangón en el medio que practica. Todo el mundo quiere, queremos, encajar en el tablero. En lo establecido y, básicamente, en lo aceptado. Medrar en base a las reglas que nos son impuestas ya de salida. Este hombre, por sus partes, le ha dado una coz burrera y sin miramientos a dicho tablero... Sin sentarse a  empezar a jugar siquiera y ya desde la tan lejana primera nota de "Welcome to the working week". En adelante y para siempre. Ha abrazado nuestras bajezas e imperfecciones en la sabiduría que son ello, precisamente, lo que al fin nos hace únicos y diferenciables para bien/mal. Esa ha sido su baza. Y con ella, amén de la "minucia" de un conocimiento y arte irrepetible, ha ganado la partida... No hay, al fin, bastantes estrellas en el cielo ni bastantes pulgares para arriba en "las redes" para valorar plenamente y como es debido (y siempre para mi, al menos) a este maestro MacManus que ya no es solo que pueda sentarse en la mesa de "los grandes" sino que, lo mismo e igual, resulta que algunos de esos "grandes" ya no pueden sentarse en la suya...  Único. Genio. Fin. 

#10. ABOUT... WOODY ALLEN

Pues no. No puse a Woody Allen en la jerigonza doméstica de hace unos días con aquello de "Mi Top-5 de realizadores ever -en esto del cine-". Pero en verdad, y justicia, aclaro hoy ello explicando que aunque casi siempre tengo en la última posición de dicha -y tan gratuita- chocarrada al señor John Huston (los otros 4 son mis "intocables" y no hay más que hablar) liándose de leches contra dios y la madre por conservar dicha condición, a veces, entre trifulca y trifulca, " me pierde algún puesto"... Y, obviamente, uno de los "chorizos", o "intrusos" (o lo que se quiera convenir), prestos siempre a colarse en tan reputado rol es, no quepa duda, el cineasta que hoy ocupa éste "About" de turno. De hecho, fijarse (o no) mismamente en el lateral del espacio, con lo de las "labels" y tal, y descubrirán como de entre los artistas con nombre propio, el Sr. Allen es el que acumula más reseñas en ésta casa y con muy holgada contundencia. Toda una cuenta pendiente, a decir verdad y para uno, esto de hoy.

Y es que Woody Allen ya cuenta con su "ciclo" particular, a costa de su filmografía como director para "la gran pantalla", aquí (vamos por los primeros 90's por si alguien no le consta y tiene curiosidad... y sobretodo tiempo), es cierto. Pero me faltaba quedarme ya a gusto del todo con esta sección que, seré claro, es la que me permite hacer siempre el barrido en modo "brocha gorda total" sobre lo que pienso, opine o considere de quién quiera dios que sea o lo qué sea el diablo toque.


 Así sin más, porque por algún lado hay que empezar y porque a mi esto de las disgresiones pues, quieras que no, me tiran bastante, empiezo contradiciendo gran parte de lo apuntado en el bastante entretenido (que no necesariamente edificante -rara vez me lo parece, vaya, y sin que por ello pierda un ápice su condición de ligero y apreciable divertimento-) programa de radio Todopoderosos, en el especial que ahí se pegaron (tiempo ha), a la salud del célebre genio sionista de la big apple (podcast del mismo)... La apreciación del presentador/conductor de dicho programa, Arturo González-Campos, cuando afirma que el cine de Allen es como "el colmado del barrio" (donde, más o menos viene a referir, la gente va a buscar algo muy concreto y punto) la paso de largo por básicamente, y perdón por emplear jerga técnica, chorras (sino irreverente en verdad... pero como el hacedor no es siquiera consciente de ello, pues miren, lo dejaremos pasar al no mediar maldad). Más me sorprende, y desconcierta (por lo absurdo y vanal viniendo además del contertulio más respetable, a priori, en lo tocante al reverso menos cómico -por lo habitual- del embolado), lo del cineasta Rodrigo Cortés... Sin cortarse un pelo, éste afirma (así, pontificando y con un par) que: Woody Allen tiene una "resurrección", cada lustro o así, donde es redescubierto y/o redimido (como si todo su cine fuese un continuum, sin pausa, por igual en sus partes -o sin ir más allá de lo evidente de los inicios más desmadrados-, y sin distanciar épocas por calidades o inspiraciones). Es más, se (auto) refuerza el tío añadiendo algo así como que cuando se critica un nuevo film de Allen (orientado ello a sus últimos tiempos, mayormente), se suele olvidar por la curra que algunos, o muchos, de sus hoy ya "clásicos" también se llevaron (en no pocas ocasiones) generosa ración de cera en su momento... Esto está muy bien, si. Mayormente porque se lo saca él del badajo y lo dice tan serio que si algún teenager, o post-teenager, impresionable (de esos que ingieren elementos culturales, y pseudoculturales, así a lo burro... a granel y sin filtro se requiera, que también es un poco la edad -y por ello no media crítica alguna aquí por lo a ellos tocante-) da con ello, hará dogma de algo que, básicamente, es un embuste (o "si prefieren los nombres largos" que diría aquel: un sofisma recalcitrante de manual y avezado por completo a un racionamento completamente trillado por conveniencia de contexto)... Pero lo dejo ya, que a fin de cuentas yo escucho ese programa (es más, ya puestos, el Sr. Cortés es además mi contertulio favorito del mismo y con muy marcada diferencia) y tampoco les quiero dejar, al menos de momento, más "lindeces"... Les permitiremos huir hoy con vida, pues, y ya haremos más sangre en otra ocasión (prometido queda). Eso sí, la importancia y grandeza de tan reputado y necesario artista, para con la historia del medio que más y mejor le eterniza, ya se lo explico yo como procede en siguiente párrafo (y "de nadas", anticipadas).


En realidad es muy sencillo. Demasiado tal vez. Nos enfrentamos con Mr. Allan Stewart Königsberg a un realizador que hilvana (y mucha atención que es esto algo sin parangón en toda la historia del tinglado, me atrevería a argüir) un cuarto de siglo majestuoso, a razón de film por año: desde 1973 a 1994... Vale, vale, ok, no es mi rama favorita pero tengo nociones, y aún por muy básicas sean, en esto de las "mates". Me explico. Aunque entre incluso desde ese periplo de bonanza brutal señalada haya y habrá siempre -y para quien proceda cada vez- algún que otro escollo (yo señalaría dos referencias única pero muy claramente: "Septiembre" y"Alice"), o el que, también y a pesar del encanto o la comprensión se pretenda encontrar/mediar, me parece como bastante indebatible que tanto "Bananas" como "Todo lo que ud..." (ambas fuera del periplo apuntado -paciencia, que lo ato al final-) no serían precisamente "peliculones" (y por mucho que unas risas puntuales siempre te las pegues). A pesar de ello, digo y sigo, el recuento final que hago (y me gusta de hacer) me llega a buen puerto al traernos de vuelta su primer largometraje como director, la descuajaringante "Toma el dinero y corre", hacer puntuar como procede la devastadoramente cachonda "Desmontando a Harry" (para mi su última y descacharrante masterpiece más allá de toda duda), apreciar sin reservas dos films ya neomilenarios que me encantan cosa fina y siempre quedan fatalmente infravalorados como "La maldición del escorpión de Jade" (lástima de la fatal elección para el rol de la co-protagonista principal, eso si) y, sobretodo, la muy cachonda y no falta de mala gaita "Un final made in Hollywood", o incluso recordar, de vez en cuando, la simpatía de una obra menor pero aún efectiva como "Poderosa Afrodita", lo mismo que el tremendo "solo" (perfectamente encajado esto, que soy un crack a veces, si) de Penn para el falso biopic de aquel émulo impostado del legendario guitarrista de jazz Django Reinhardt en "Acordes y desacuerdos". Esto és, hágamos recuento: aunque hablando con mayor propiedad la cosa estaría más en un par de décadas sin tregua para lo que nos ocupa o se viene a referir (y "casi nada", igualmente, vaya), creo que la cosa se puede optimizar (o me hago "un Cortés", y me legitimo yo solo sin pedir permiso ni rendir mayor explicación a nadie) con ese cuarto siglo que tan recurrentemente (siempre, en verdad) apunto. O mejor aún, qué narices, sean a la postre veinte o veinticinco... Volvamos a los "sin parangones" (de los que te dije) en el medio artístico que procede, y su historia toda ella. Que eso no cambia,no.


Más cosas... "Todo el cine de Woody Allen es igual"; "Siempre hace la misma película"; o, directamente, "No me gusta  Woody Allen" (que está muy bien por que les soluciona la vida del todo a sus numerosos, hoy llamados, "haters" -que los hay por sistema, por si poco fuera-); etc. A ver, más allá de datos biográficos mil con su singladura/carrera que arrojar al tapete, las influencias de Allen (Bergman, Groucho, Fellini, etc.) están ahí de forma preclara y además él nunca las ha escondido precisamente. Que merced a ello, y por contra, acabó por generar un estilo propio, más allá de cualquier debate, es otra. Y, en base a eso último precisamente, resulta que aún habitando en las antípodas galácticas de quien suscribe por lo tocante a gustos cinematográficos, és por lo que de entre esos "sentenciadores", que aducen fraseos entrecomillados como los del inicio de párrafo, a los únicos que (sinceramente) podría llegar a exonerar sin multa alguna a  pagar son a los del tercer grupo/sentencia (si algo no gusta, pues no gusta y punto por azúcar o sal se le eche... y una gran pena para el caso nos ocupa según lo entiende uno pero, si, faltaría menos y estaríamos buenos, a la vez y vaya). Porque, que aquí se quería llegar: "la misma película" (?), "todo el cine igual" (??)... Miren, se lo pongo bien fácil a éstas buenas gentes de dios: y unos cojones, oigan. Woody Allen ha hecho mucha comedia, si... y drama, y cine histórico (en clave cómica), y hasta sci-fi (ídem de lo anterior, pero igualmente en ambos casos)... Se ha paseado por el noir, por el falso documental (hasta tres veces !), ha homenajeado al expresionismo lo mismo que al neorrealismo en unos ejercicios de estilo plenos y del caerse, sabiendo implementar su sello sin que rechine un ápice el cocido (y obviando para la ocasión a las influencias que antes se mentaban, ni qué decir)... joder, aquellos que conozcan "Una partida de campo" de Renoir de los 30's y después visualicen "El sueño sexual..." no pueden sino reconocer y aplaudir  a un erudito bestial del arte nos ocupa... Las fábulas de Cairos y Afroditas, se ha acercado a mafiosos y hasta a musicales (con dispar, sino contraria, efectividad, pero ahí queda ello igualmente)... y/o, ¿cuánta nostalgia encuentran los fans de Truffaut en Danny Rose o  en aquellos Radios Days?... No "más cosas" , que escribía hace un rato, no. Muchas. Vale, de acuerdo, no ha hecho ningún peplum, o western, o slasher, o alguna de submarinos... Pero, vaya, no jodamos ni seamos absurdos por el placer de serlo, hombre. Sumemos ahora el embalaje musical... Quién coño puede pagar el buen gusto y ese engastar las piezas donde se suele hacer por parte de éste hombre. ¿Fotografías?, ¿movimientos de cámara?, ¿dominios de campo?... De verdad que, sin más, nos aburrimos todos si nos ponemos a contar la variedad de palos a la sazón dispuestos por este tipo. Y eso sin contar "cucamonas" puntuales que de eso también va fino: desde la "colisión de mundos" en La Rosa, hasta Williams desenfocado, pasando por el monumento a la pericia visual de "Zelig" y sin obviar, jamás de los jamases, la exhibición de esos parajes que resultará siempre "Annie Hall" y su metalenguaje explicito, sea mirando directamente a cámara o, cómo no, en uno de los diálogos más brillantes nunca vistos on screen que tiran la cuarta, la quinta, la sexta pared y hasta el edificio entero (subtítulos mediante, claro y que ya es historia ello). Además, qué cojones, el arranque de película que más me gusta de todo el cine que haya visto jamás en la puta vida ésta, corre por cuenta de este hombre. Y su "Manhattan", ni qué decir.


En resumen postrero... A Allen no se le perdona, aún entre sus simpatizantes, dos cosas muy señaladas: la ya indiscutible bajada general de su cine "post-Harry" y, claro, su desmedida e innegociable profusión anual. Lo triste, por eso, lo realmente jodido de asimilar es que cuando éste cineasta ya no esté, es posible que aquellos amantes del cine que llevan escupiéndole tanto tiempo en su declive reparen al fin, y para su horror, en la barbaridad que le debemos a éste hombre y su arte... Lubitsch, Keaton, Groucho, Capra, Bergman, Fellini... Ya hace muchos lustros que Allen se sienta a esa mesa con propiedad plena y total (mucha más que cualquier compañero generacional, exacto o aproximado en cronologías, ya puestos y en cualquier caso). Ningún cineasta le tose en número de referencias indeleblemente unidas al "buen cine" desde el último medio siglo de cine (esto es así por rimbombante y tremendista resulte) y, finalmente: si si, ok, solo son pelis de "el soltero, los judíos y el psicoanálisis"... Y, por supuesto, Ford solo hacía pelis de tiros, y Kurosawa de espadotes, y ya puestos -qué narices-, el Hitchcock de las narices no era sino un orondo salido con dos cursillos del Ceac de fotografía, y Welles un listillo que camuflaba en tecnicismos visuales su falta de construcción narrativa, Hawks solo sabía encerrar a gente en sitios (ni qué decir), Ozu no cambiaba de secuencia porque no sabía el pobre (que por eso le gustaba trabajar con gente mayor, porque se mueven menos y tal, si), a Tarkovski le gustaba filmar de lejos por la presbicia y, cómo no, los planos fijos omniscientes de Lang es porque se dormía tras la cámara de la curda llevaba siempre el cabrón... Ah, y el peor de todos Fellini, si, que solo acumulaba actores en marco para hacer bulto, el canalla. Y aunque, no se dude, así nos estaríamos un buen rato aún, a fin de dar carpetazo final (ahora ya sí de verdad): de acuerdo, ok, increpemos todos a Allen por lo que sea de su cine de cuño más reciente (no problem), pero (y ésta es mi opinión en definitiva), no olvidemos nunca que hablamos o tratamos, pura y duramente, de historia viva del Cine. Así, en mayúscula. Al nivel de cualquier nombre propio -o muy poco menos- de los también mentados (y demás de similar pelaje) en éste mismo y último párrafo. Y, ojo -que ya al fin me atrevo con todo-, superando incluso por obra y legado a algunos de ellos, visto hoy en mayor y más justa perspectiva. Un genio, único e irrepetible. Sin más. Y aunque esté vivo. 

#9. ABOUT... MARQUEE MOON


Se admite sin problema que dedicarle a estas alturas un "about" a "mi disco" por antonomasias (solo con los permisos del directo de Miami de Cooke y la llamada londinense de los que te dije) puede resultar algo manido y tópico de narices, si... De la misma e igual forma que se admite que me importa ello más bien nada tirando cero (estaríamos buenos). Y para allá que nos vamos.


Qué tiene en realidad éste disco, y antes de valorar otras opciones, que le hace tan especial, tan insondablemente icónico para no pocos miles de personas... ¿No será ya producto de cierta tontuna generalizada en según que foros? ¿Del puro y duro postureo? ¿Se ha convertido el estreno de Television en algo análogo (por mero principio inductor) al tipo que no se pierde una chirigota masivo-festivalera-veraniega sin sacarse la camiseta de los Division ni para ir a cagar o, por qué no, a ese teenager mameluco que se compra la samarra con el emblema stoniano -o ramonero- sencillamente porque, claro, "mola"?... Pues miren, con todo lo corrido ya bajo el puente y tal puede que sí, que en efecto así sea (si hasta lo mentaban, tampoco hace tantos años, en una canción de Amaral -que no tengo nada especialmente en contra así de gratis y más allá de su "radioformulismo" por montera, pero que, definitivamente y en resumen, no son para mi-). Pero, ojo primordial, no fue siempre precisamente así... ni mucho menos. "Marquee moon" fue durante no pocos años uno de esos trabajos fetiche (a la par que seminales del caerse) para la facción más purista, rabiosa y tocacojones de la "prensa especializada". Como los estrenos de Big Star y Dream Syndicate, el "Shake some action" de los Groovies, y demás muy contadas ambrosías a las que el rocanrol  ha acabado por hacer justicia con el pasar de los años, partiendo de un reconocimiento para nada ingente en sus respectivos momentos de ser alumbrados. Esto es así, y aunque hoy pueda resultar difícil de creer a las nuevas hordas de seguidores rockeros, aún por exigentes y reverentes con la historia del medio resulten. "La especializada", o parte significante de ella al menos, se volcó casi desde el principio con el disquito de Verlaine y cia, en cualquier caso... Y cómo no hacerlo, por otro lado.


Grabado en el 75 pero no publicado hasta dos años después, en pleno apogeo del legendario CBGB (otra de esas "camisetas recurrente-chanantes", ni qué decir), con los Ramones, Talking Heads, Patti Smith, Blondie y demás en la foto de familia, "Marquee moon" recogía sin reparo ni vergüenza alguna el legado "velvetero" y lo llevaba hasta el infinito y beyond... La manera de cantar del propio Verlaine, desesperada, rota, más propia de Bolan o del Bowie glamero que de otra cosa, origina un contrapunto insaltable, magnético, a la música tan épicamente oscura y directa que aquí encontraremos. "El vademecum definitivo para cualquier banda que pretenda hacer música de guitarras", que le leí una vez a alguno de los gerifaltes más apreciados de la prensa musical autóctona (-estoy en un 90% seguro que fue el señor Ignacio Julià, el maestro pergeñador de dicha andanada-)... Y eso es mucho decir, está claro, pero... ¿tanta exageración resulta?. En absoluto, al menos en el humilde parecer personal. Nunca he escuchado, que se lo prometo a todos, un álbum con unas guitarras que me hayan resultado tan inteligentes, tan enfermizamente sugerentes como las de este álbum. Sin ningunear, porque es imposible ello básicamente, la labor del bajo del "blondie" Fred Smith o, aún mucho menos, la batería de génesis jazzística de Billy Ficca (seguramente el último gran no-secreto de disco y banda en cuanto a su sonido-tipo más reconocible y apreciado), la labor del muy ilustre Richard Lloyd y el propio Tom Verlaine con sus guitarras entrelazadas, sus solos que parecen llevarnos de cabeza a la perdición, sus disgresiones putámicas y sin olvidar (jamás de los jamases) la limpieza, lo bien, lo arriba que suenan las notas (joder, incluso), convierten ésta luna televisiva en un tótem inmarcesible de la historia rockera toda ella y sin pero a caber. Porque no cabe, no puede caber nunca esa opción, -el olvido-, directamente.


Fuerte y evidentemente marcados por la manera de atacar las seis cuerdas de Lou Reed, esa manera donde no es el número de notas ni aún mucho menos el volumen sino, simple y llanamente, lo sentido (la intencionalidad y el hacer sangrar) de dichas notas, Verlaine y Lloyd hacen de "Marquee moon" un ícono del punk-rock lo mismo que del art-rock... Grupúsculos a los que, ni qué decir y para más cojones, no pertenecen de pleno en ninguna de las maneras. Y ya que tratamos sobre el maestro, ¿recuerdan ese final de "Coney Island", con su guitarra llorona que hiela la médula en cada una de las mil veces que la escuchamos?... Para mi ese sentimiento, esa misma búsqueda (y ejecución) es la que raja el disco que hoy nos ocupa de arriba a abajo y de lado a lado: desde la inicial y vivaracha "See no evil" hasta el melodrama postrero de "Torn curtain". 


Básicamente, "Marquee moon" es el disco que pongo cuando no se que poner, al que recurro cuando ando tan bajo de ánimos que casi ni me apetece escuchar música, el que dejo para el último (el puesto de honor) en esas tardes de oldies sin cuartel o, también, el que (definitivamente) menos me cansaré de escuchar jamás. Será quizá el tan agradecido efecto sedante que encuentro siempre en "Venus", el ya mentado tema de cierre (con su tristeza de final de verano a cuestas), o igualmente la preciosura intocable de "Guiding light" y el medio tiempo con esa guitarra a lo Ronson en Ziggy -que se merienda hasta la misma repetición del título para el chorus- en "Elevation" (y todo  ello por no hablar de la épica eterna de los diez minutos de paso del tema titular, está claro), o quizá también, cómo no, por lo emblemático de las otras tres (algo más "movidas" pero sin descantille casposo de rock-star medie en modo alguno -que todo es "contenido" en este disco-)... Puede que, desde dicho trío de bicocas, sea "See no evil", por aquello de arrancar el asunto, la más recordada de forma iterante (que de mal me parece una bosta ello, marca el perfecto tono de todo lo que vendrá sin trampas ni cartones), pero la parte final de "Friction", la "subida" guitarrera de "Prove it"... Demasiado enorme todo, demasiado disco. Sin más, Y punto.


Tiempo ya solo para agradecimientos.... Agradecimientos todos para Verlaine, Lloyd, Smith y Ficca, por meter en un mismo disco todas (o muy poco menos) aquellas cosas que más me gustan y atraen del rock desde ni me acuerdo y dejarlas encapsuladas hasta el fin de los tiempos en una misma y única flagrante obra de arte. Como las novelas de Vian o algunas pelis de Lang, "Marquee moon" me picó demasiado fuerte (puede que demasiado pronto, que yo qué sé en definitiva) y se quedó conmigo para siempre... Digo más: del incendio salgo con él o no salgo. Sí, tal cual, eso es lo que pienso mejor sintetiza lo que me significa a mi "Marquee moon", y para dar ya carpetazo al tema... Mi "guiding light" (en efecto) de esto de las guitarritas. Tal cual y fin.

#8. ABOUT... MEL BROOKS

Menudo pájaro... El cine de Mel Brooks (ya de entrada no faltaría quien haría notar el contrasentido de dicha expresión) es por definición: ridículo, grotesco, soez, facilón, cutre, estúpido (largo etc) y tiene tanto que ver con las grandes comedias de la historia del medio, más o menos reconocidas por consenso, como un manojo puerros caducado con un biscote de caviar iraní... Pero, eso si (cuidao): "El jovencito Frankenstein es cojonuda" (y en eso también estaría medio mundo y parte del extranjero de acuerdo). Y casi que ahí lo podríá dejar (cierto). No sería muy lícito negar que Brooks no es, en definitiva, poco más (de serlo) que las posteriores "lo que sea como puedas", "Porky's", "Locas academias" y docenas de derivados que nos salpican por doquier hasta día presente. Lo de "puente generacional" entre Lewis y "la triple Z" tampoco sería etiqueta de prestigio, para que engañarse y por otro lado... Pero, caray, "también es de diox" y cutre o cutre nos deja algunos gags contados tan chorras como funcionales que ahí quedan y aún obviando las correrias de "Fronkonstein" y su camarilla (además no tiene una filmografía muy extensa, lo que siempre es una bendición para esta sección "a brochazos gordos", a qué negarlo).

Para estructurar mejor el asunto dejo ya de entrada el link para la reseña de "El jovencito Fronkonstin" que me marqué hace un tiempo (así nos quitamos de encima la ÚNICA referencia realmente insaltable del chorro-cineasta en cuestión -dando por obviada la recomendación expresa de recuperarla de vez en cuando-): http://inguzzwetrust.blogspot.com/2009/03/el-jovencito-frankenstein-1974.html .

De igual modo hago breve hincapié en el Brooks-productor, cuyas reseñas más celebradas son "El hombre elefante" de Lynch y la versión de "La mosca" que se marcó Cronenberg hace un cuarto de siglo (si si, como lo oyen...). Con él como prota, además, tenemos una versión (con marcado tono de telefilme) tan correcta como prescindible del "Ser o no ser" de Lubitsch... que ya es tenerlos gordos, ya... La Sra. Bancroft (pareja sentimental del propio Brooks desde finales de los 60) sale más o menos indemne de la comparación con la Lombard (aquí nos seguimos quedando con el original por eso -y por mucho, además-) pero Mel, algo más contenido que de costumbre, se la come doblada si hacemos lo propio con la inolvidable interpretación de Jack Benny a la hora de abarcar a ese "gran, gran actor polaco".

Y sin más vamos ya a por el Brooks director (o similar si se prefiere).

Tras su conocida participación en la exitosa serie del "Superagente 86", se "estrena" como realizador de largometrajes con la archiconocida "Los productores". Muy posiblemente su segunda mejor peli tras la camara, dejando a Zero Mostel y Gene Wilder haciendo el cabra a su bola y envolviéndolos, convenientemente, de números musicales esperpénticos y chocarradas varias de diversa índole. Esta historia del ex-productor teatral de éxito frustrado y caradura que trata de realizar la peor obra posible con un contable petimetre, y con bastantes neuras, de fiel escudero ha dado para varias versiones (también) teatrales y algún que otro remake. Entretenida sin más, por otro lado, faltaría. Tal vez si Brooks hubiera mostrado algún tipo de interés en la dirección de actores (cosa que ni hizo aquí ni haría jamás) la cosa sería más memorable...

Para "Las 12 sillas", su segundo film, Brooks se va a la Rusia de la primera mitad del siglo pasado para crear una comedia de enredo en plena etapa post-revolucionaria contando con el bastante desconocido Ron Moody, un jovencísimo Frank Langella y por vez primera (al loro) con el orondo Dom DeLuise, uno de sus actores fetiches (lo que en si ya es toda un revelación). Es muy mala... de verdad. Un par de gags del último de los actores mentados y se acabó. Lo mejor del flim es la sinopsis (que promete correrías y malentendidos a mansalva) desde luego, ya que al pasar eso en práctica la cosa se torna más bien turbia... tirando a puta mierda.

El 74 sería su año de gloria con la consabida versión de "Frankenstein"... Y quizá lo hubiera sido más de no haber firmado también "Sillas de montar calientes"... Tenemos a Wilder, la incontenible Madeleine Kahn y Harvey Korman como habituales pero esta historia del sheriff negro hace aguas por todos lados. No es tan horrible como "Las 12 sillas" y tiene algún guiño cómico que funciona (sobre todo por el papel de Korman como malvado) pero entre las patinadas de embrague del director y ese "superderrape" final con las correrías por los estudios (saliendo del contexto del film) el tema termina resultando bastante bochornoso... "No es de las peores" es lo más amable que se me ocurre.

Pasados un par de años llega "La última locura" ("Silent movie")... Esta vez Brooks interpreta a un ex-director de éxito caido en desgracia (cosas del beber) que cree tener una idea revolucionaria para levantar su carrera (y de paso los estudios, a punto de ser embargados): filmar, en plena actualidad -mediados de los 70 para el caso-, una película muda (!?). Le acompañan en el viaje Dom DeLuise y el feísimo Marty Feldman y cuenta con cameos de gente como Burt Reynolds, Anne Bancroft, James Caan, Liza Minelli y hasta el mismísimo Paul Newman. La gracia del planteamiento, desde el punto de vista del espectador y a priori, es que el propio film es también mudo (solo se dice una palabra -"No"- y la dice el mimo Marcel Marceau) pero, de nuevo -como no-, al tipo se le va la castaña cosa mala y tenemos otro buen planteamiento (o cuanto menos curioso) cuyo traslado a imágenes deja mucho que desear... Se puede esbozar alguna sonrisa contada pero, generalizando, ni puta gracia que tiene...

Más mala es todavía "Máxima ansiedad" donde Brooks trata de emular a su manera algunos clásicos de Hitchcock, via "pupurrí"... Tenemos de nuevo a Korman, a la Kahn y hasta a Cloris Leachman (la inolvidable ama de llaves de "El jovencito..."). No faltan, entre otras, las reseñas a "Vértigo", "Psicosis" o "Los pájaros", pero en realidad el asunto es como bastante infumable (y falto de ritmo, lo que en una comedia presuntamente "alocada" ya lo deja todo dicho).

Ya en los 80 llegan "Las locas historias". La del mundo y la de las galaxias. Y aquí, dado que ya están más cercanas -y que me estoy empezando a cansar un poco-, iremos pelín a saco... "Papirus pal porrus" y "peinen el desierto"... y poco más. De "La loca historia del mundo" (bastante mejor que la otra pero sin salir del "nivelazo" sugerido) nos quedamos con la selección de la guardia particular de la Kahn, el musical de la inquisición, y ese principio con "los quin...Diez mandamientos !". De la segunda solo con Rick Moranis en su Darth Vader cabezón que se ahoga si no se quita el casco (lo de Candy disfrazado de peluche es demasiado patético hasta para el palomo que hoy nos ocupa).

La posterior "Qué asco de vida" es un intento (fallido) de comedia menos alocada y con cierto contenido (social, para el caso). La parte inicial donde Brooks se va desquiciando por momentos aún nos deja algún buen rato (o quizá es que tras las "locas historias" esto parece "El apartamento", vaya ud. a saber) pero el desarrollo... pfff... "Abran el container, que va otra" (además, eso de buscar la lagrimica...).

Sobre sus dos últimas pelis, las versiones de "Robin Hood" y "Drácula" (esta con Nielsen y con la pobre sra Brooks ensuciando su filmografía por enésima vez en aras de la convivencia conyugal) ya ni me digno a poner nada...

En resumen: "Young Frankenstein", dos o tres medianías, en el mejor de los casos, para la hora de la siesta y un resto que oscila entre la basura y la vergüenza ajena... y aunque ya lo supieras antes de empezar a leer.

Pd. Exijo la prueba de ADN para la (presunta) paternidad de "Fronkonstin" !

#7. ABOUT... HAYAO MIYAZAKI

Me apetecía seguir con el Sr. Hayao Miyazaki aunque solo fuera para acabar averiguando si su última referencia “Ponyo...” me gustó tanto por la comparación directa e imposible con el rutilante estreno de “Up” de la píxel... perdón, Pixar (una es cine en estado puro -dentro del anime o no- y la otra una colorida superproducción lúdica perfecta para comer palomitas a dos carrillos durante noventa minutos -que también está bien que exista por otro lado faltaría más... pero a cada cosa lo que le toca-), vista a los pocos días de la otra, o porque sencillamente lo de este tipo me parece de antología visual haga lo que haga y punto... y al final ambas opciones resultan ser correctas, claro.
Lo de la fascinación que me produce el trabajo de este hombre es como mínimo extraño. Partamos de la premisa que no soy acérrimo del cine no ya nipón sino oriental en general, y por defecto (me gustan o atraen cosas determinadas por supuesto, pero en eso se queda), y en absoluto del monstruo Manga, y menos aún en su vertiente cinematográfica (he visto las básicas “Akira”, “El puño de la estrella del norte”, “Ghost in shell” y poco más... y lo cierto es que ninguna me impactó de forma especial -veremos esa “Tumba de las luciérnagas” que me recomendaron y que tengo en despensa -a priori esto ya parece otra cosa, puedo adelantar-). Tengo pues que, definitivamente, plegar velas y asumir que Miyazaki es ya una referencia en mi bestiario particular del más alto nivel como pueden serlo Wilder, los Beatles, Boris Vian o los Python televisivos, entre algunas otras contadas cosas de diversa índole que van, por ejemplo, desde Bach -el músico barroco no el vino... que también- o Dickens, hasta los They might be giants o los cómics del Conan guionizados por Roy Thomas (como a Groucho y Elvis Costello no admiro a nadie, eso que quede claro).
Como si voy película a película la cosa se iba a alargar mucho, hago un resumen a grosso modo de los nueve largometrajes que he visto del individuo (en total tiene diez, me falta por ver la primera que hizo “El castillo de Clagiostro”). Asumo -repito-, la condición de “crack guzzero” por la parte que toca a Hayao, y ya anuncio que pasa a formar parte de “los recurrentes habituales”... es decir cuando a veces no sepa que poner... “Miyazikazo que te crio !” (así Flush podrá decirme después: “collons, un altre cop amb el Miyazaki dels pebrots”, como me dijo el otro día con los Coen de por medio... y tiene razón -para qué negarlo- pero, en fin, es lo que tienen “los cracks guzzeros”).
Antes de empezar es de recibo, y honesto, admitir que por fantástico, imaginativo o tripero -sobretodo acá en occidente supongo- que pueda resultar el cine de este hombre, siempre hay lugar para cursiladas de lo más estándar -incluyendo aquí los “happy ends” de rigor-, ya que no dejan de ser dibujos animados clásicos y, además, es Hayao un director que no pretende excluir a nadie... sin embargo, aún aquellos menos abiertos a comulgar con segun que edulcoraciones no se lo tendrán en cuenta -o no deberían... incluso en su reverso más infantil- ya que, tras alguna cosa en esa dirección, vendrán cuarenta y tres que no tendrán nada que ver con nada antes visualizado. Por ejemplo (rigurosamente inventado), puedes oir puntualmente una frase del tipo “el amor es lo más bonito que existe”, pero claro... igual quien dice esa frase es una araña con cabeza de lubina que acaba de atacar con un bazooka a un zeppelin que genera a su vez esporas radioactivas que a la postre se convierten en minotauros que trabajan de paletas, a días alternos y a contrarreloj, en la construcción de una presa de cuero caucho para evitar que un rio de gaseosa marrón destroce una aldea de cebollinos predestinados, por supuesto, a traer el equilibrio y la paz mundial...
Por orden cronólogico que va la cosa.
1. Nausicaa del valle del viento (1984): descomunal historia post-holocausto con insectos gigantes, obvios mensajes ecologistas y antibelicistas que se toma, además y sobretodo, su tiempo en diversos pasajes para empezar a horadar en todo el tema onírico (cuando no esquizoide) tan apreciado por muchos. No es de las tres que más me gustan, es lo más negativo que se me ocurre, pero es su primer 10/10 y seguimos...
2. El Castillo en el cielo (1986): siendo mi peli favorita dentro de la obra del tipo que me parece el puto amo en lo suyo (cine de animación) de la historia no cabe mentar mucho más. La búsqueda de la Isla (aérea) de Laputa -inmejorable nombre- sigue invencible contra viento y marea. El equilibrio más perfecto y medido entre lo que es una historia convencional y los tics y maneras (o idas de olla, si se prefiere)propios e inconfundibles del cineasta. Un 10 es poco aquí.
3. Mi vecino Totoro (1988): Parece imposible que dure una hora y media... Dentro de la trilogía más abiertamente infantil (ésta, la que sigue y la reciente "Ponyo") es la más brutalmente imprescindible. El momento parada de autobús con Totoro al lado de la niña bajo la tormenta se te queda atado en la memoria para los restos de manera indeleble... Estampas de estas Miyazaki las tiene a docenas, si, pero pocas tan incontestables (ya cuando aparece el bus te cagas...). Entrar en puntuaciones empieza a ser una obviedad a estas alturas...
4. Nicky, la aprendiz de bruja (1989): ...o lo sería de no ser por Nicky. Qué no salten las alarmas, tampoco. Es la que menos me impactó del maestro, de acuerdo, pero aún así le doy un 8 en el Guzztómetro, por lo que no la dejo de ver como "recomendable". Tiene a favor que se nota la mano del director pero aquí, al fin, se puede echar algo en cara: estamos ante la película más descaradamente infantil de la pomada. Con todo, alberga momentos descomunales (a destacar todo el asunto de la cocina ayudando a las abuelillas con su desolador final) y también algo nuevo en el cine de Hayao: en Totoro el choque entre lo fantástico y lo que no lo és superaba a los protagonistas (gran baza de Chihiro también por poner otra), aquí dicho cruce se asume con naturalidad, sin crear conmoción. "Ponyo" también se alimenta de ello ya que nos ponemos, pero sobretodo y especialmente...
5. Porco Rosso (1992): Fue la primera peli que vi de este señor. También se considera la primera que salió de su tierra para triunfar por todo lo alto en varios puntos del planeta. Y que propició a su vez que Miyazaki dejara de ser visto, por lo general, sencillamente como "el tipo japonés que antes hacía series para los niños". Al igual que con Nausicaa, la considero de la más alta gradación pero no estaría en mi podio. Eso si, imprescindible con todas las letras y su significado en la mochila. Lo de ver a un cerdo aviador de guerra que fuma y con recuerdos de amor perdido (a lo cine negro) no tiene desperdicio se mire por donde uno quiera. Puestos a buscarle un pero quizá, repito "quizá", el hecho de ser (a pesar de todo) una de sus fábulas más convencionales. Se nota que el envoltorio supera con creces a la historia en si (mejor argumento o concepto base que desarrollo de guión) pero, como no podía ser de otra manera, el todo resultante te acaba llevando al huerto sin problemas.
6. La princesa Mononoke (1997): Aquí ya nos encontramos a un Miyazaki reverenciado a nivel global que, por ello mismo, se encuentra con la (hipotética) presión de dar continuidad a algo aplaudido por consenso en medio mundo y algo más. Tras verla, queda claro lo que piensa Hayao del concepto "crítica" que se tiene en occidente. Sin la inmediatez (sea por historia o aspecto) de sus predecesoras es una obra que se levanta a un ritmo mucho menos vivaz y, por ello mismo, mucho más rica en detalles y matices de lo habitual (ruego se tenga en cuenta de quién estamos hablando para más inri). Recupera la pseudomoralina (lo de pseudo porque Miyazaki cuenta básicamente historias, nunca hace panfletos) ecologista de Nausicaa pero de una manera, si cabe, aún más explícita. Se debe insistir en que es seguramente la peli menos accesible del artista. Incluso no falta, ni faltó, quien se refiere a ella como "espesa"... Mala cosa. Esta si forma parte de mi podio, en cualquier caso, el despliegue de imaginación que derrocha es puramente indescriptible. En esto de los blogs hubo quien dijo a colación de Miyazaki que "este hombre crea universos paralelos a cada parpadeo" -por lo que recuerdo estamos ante una cita "violenta"-. Eso no se despliega tan grande ni tan evidente en ninguna parte como en "Mononoke". Otro diezaco, perse.
7. El viaje de Chihiro (2001): Es una de las mejores pelis de la presente década. A saber cuantos premios acabó recibiendo al final la puñetera, por cierto. La más consensuada, recordada y admirada del maestro que es a fin de cuentas algo así como su "Ciudadano Kane" particular. No es mi favorita, por la parte que me toca, pero si es la que cierra el podio con la consabida puntuación... Sigue la linea de imaginación centrifugando a toda máquina de la anterior pero, mientras Mononoke te sumerge en la aventura, Chihiro juega más la carta de lo contemplativo (y no te alcanzan dos ojos y una sola visualización para verlo todo ni de coña), aunque con un ritmo más convencional y digerible de primeras para los que no conozcan al tipo, debe señalase. Es como una hermana mayor de "El mago de Oz", menos sintética quizá pero que, también, se abre en mil direcciones más a su vez. De esta si que realmente no hace falta decir más porque la ha visto, y varias veces, hasta el tato (el bebé gigante me da un poco de mal rollo pero... el cabezón de las gemelas brujas, el dios de la mierda ese o el abuelo araña de las calderas no caben en otro cerebro que el de este hombre).
8. El castillo ambulante (El castillo errante de Howl) (2004): A esta le cayó algún que otro palo. Lo que me fastidia un poco (hasta cierto punto). Ni que sea por lo ilógico siendo, como és, un híbrido total entre las dos que le preceden (otro 10 en efecto, ¿como lo adivinaron?, para mí). Tiene la narrativa cocinada a fuego lento de manera ex profesa de la princesa bosquímana y el dibujo más colorista, definido e impactante de Chihiro. El castillo del título, ya por ejemplo, es la pera limonera por si solo pero es que, nuevamente, la imaginería de esto es irrefenable... hasta el punto de ser dos films por el precio de uno (lo que te cuentan y lo que te sugieren). Es otra genialidad, ni qué decir tiene, pero es que además el viejo zorro repite jugada: "¿así que os gusta esto que he hecho y me dáis premios y tal?... A ver si podéis con esto mindundis !". Se tiene que entender que igual que un árbol que cae en medio de un bosque y nadie lo oye suscita la duda de si "realmente ha hecho ruido o no", si un film no lo ve nadie es, ciertamente, como si no existiera. Con esto por otro lado Miyazaki nos hizo un regalo exclusivo a los acérrimos... a la par que se quedaba donde quería. Justo en medio de los dos conceptos sugeridos.
9. Ponyo en el acantilado (2008): Si no te da pereza darle a la ruedecilla del mouse verás un texto bastante largo dedicado al film en el penúltimo post del blog -justo antes del señor de la guitarra-. Para resumir, es la única peli (con excepción de Nicky) que definitivamente me crea la duda de si es otro 10 (para mí) o se queda, en este caso, en 9 (duda contraída hoy tras repasar lo repasado, claro). Como para perdérsela está el patio por otro lado, ya que, dicha duda en definitiva solo cabe al comparar con las referencias del propio Miyazaki dentro del género. Otro debate sería si Hayao Miyazaki es ya un género en si mismo, pero eso es otra historia.

#6. ABOUT... ALEXANDER MACKENDRICK

... Y muy gordos en esta ocasión. Alexander Mackendrick (1912-1993), escocés aunque nacido en los US por poco menos que accidente si se busca la bio by las webs, fue un reconocido cineasta de exigua carrera, diez pelis clavadas (de las que no he visto tres -de ahí lo de los brochazos "muy gordos"-), que desarrolló casi la totalidad de la misma en Inglaterra (o con producción inglesa en cualquier caso).

Obviaré aquí los tres films que desconozco de este señor (por aquello de no opinar sobre opiniones ajenas, cosa siempre a evitar): "Mandy", "La bella Maggie" y "El discípulo del diablo" (ésta última no la encuentro por ninguna parte y, atendiendo al castlist, es la que más me "pica" a priori).

En base a las otras siete, ya señalo de entrada y generalizando, decir que el tipo no baja nunca del bien -en el peor de los casos, que de hecho es "No hagan olas" y que también tiene su coña a pesar de lo "ligero"-, que vive claramente instalado en el notable y, finalmente, que tiene un par (quizá tres) de (famosas) referencias que son aquello de "puros clásicos" que se dice.

Su carrera se inicia con, la mentada hace pocas entradas en el blog, Ealing Studios de la que poco menos será su director fetiche (o al menos el más reconocido) y un par de comedias muy recomendables, con o sin encontronazos anacrónicos de por medio, con un Alec Guiness de traca en la segunda. Esto es: "Whisky Galore" (1949) y "El hombre del traje blanco" (1951). La primera es una comedia ambientada en un pequeño pueblo costero de una isla escocesa bajo el marco de la II G.M. y que narra las peripecias varias que les suceden (o provocan, según se mire) a las gentes del lugar cuando un barco cargado de whisky se encalla en su costa. "El hombre...", por su parte, es una (poco disimulada) crítica al mundo de las empresas (con sus burocracias y demás) presentada como comedia de enredo para "desamargar" el trago y en el que acaba "pillando" hasta el apuntador... Si que es cierto (ya me recrearé cuando haga el post pertinente) que tiene esa moralina en la que se nos explica que por buenas intenciones que tenga una persona (con sus ideas -o inventos, para el caso-) tal como andaba (y anda) el mundo, éste se lo acabará engullendo por pura (y malsana) inercia y sin masticar... Da igual, no hay sermón que valga, funciona como comedia (porque es muy divertida, que es lo intersante al fin) y la acidez imperante (la famosa "mala leche británica") hace el resto. En fin, bastante recomendables ambas con esos metrajes que no llegan a la hora y media y sendas narraciones ágiles y dinámicas como ellas solas.

Tras dos de las tres que me faltan llegamos a su díptico dorado: "El quinteto de la muerte" (1955) y Chantaje en Broadway" (1957). De la segunda, para ahorrar tiempo y energías, pongo el link hacia la entrada ya existente en el bloj de hace un tiempo: http://inguzzwetrust.blogspot.com/2008/12/chantaje-en-broadway-1957.html. En cuanto a "The Ladykillers" poco se puede añadir. Su film de referencia (un "10" como un castillo) con Guiness, Lom o el mismísimo Sellers (etc.) puteándose cosa mala y un guión de esos para enmarcar como ejemplo para generaciones venideras... Si se busca "comedia negra" donde sea, y avezando la cosa al cine, debería salir siempre por defecto la careta de este film. Que no os tire para atrás el muy evitable remake de los Coen (mis cineastas predilectos del último cuarto de siglo tienen dos pelis horribles -por lisonjas mil que podamos dedicar a buena parte del resto de su obra- y aunque "Crueldad intolerable" hace justícia a su nombre lo de esto aún es peor...)... por fortuna (o desgracia, según cuentas) no tiene nada que ver.

Tras volver, embadurnado de prestigio el puñetero, de su aventura yanquiloide con "Chantaje...", MacKendrick firmará la otra peli que me falta, ya reseñada con anterioridad, con actorcillos como Kirk Douglas, Burt Lancaster y hasta el mismísimo Laurence Olivier ("casi ná"). Rematando casi la faena, ya en los 60, con un par de films de aventuras muy bien resueltos como son: "Sammy, huida hacia el sur" y "Viento en las velas". "Sammy..." sería un film cuyo argumento se asemejaría al de la serie "Marco" (un huérfano de diez años en busca de su único familiar conocido) si no fuera por la ambientación (un auténtico "África atraviesa"... puro Salgari para lo amantes del género) y un Edward G. Robinson, todavía vigente y a su nivel habitual (no hay porque exagerar, es uno de los grandes sin duda a caber y con eso basta), que una vez aparece en pantalla, y como és de esperar, se mete la peli en la chepa sin problemas. Claro que "Viento en las velas" es todavía mejor (era por esta lo de los posibles tres "clásicos")... Es de piratas y con niños repelentes, si, pero conviene recordar donde se curtió Mackendrick en sus primeros pasos... Excepcional el señor Quinn como capitán del navio (suerte de Long Silver -todavía más- borrachuzo) y no menos meritorio Coburn ejerciendo de "poli malo" para con los críos y segundo de a bordo. Sirve igual para amantes de islas y tesoros, para perseguidores de "grandes interpretaciones" (se insiste con Quinn) y no hará torcer el gesto a nadie el azúcar que se quiera encontrar aquí pues, cuidado, tiene un final como bastante "poco amable"...

Finalmente Mackendrick vuelve a tierras yanquis para filmar su última referencia: "No hagan olas" (1967). Muy posiblemente el film menos recordado del cineasta a mayor gloria de un Curtis, en su rol cachondo habitual para este tipo de encuentros, flanqueado aquí por la Cardinale y la malograda Sharon Tate (que desgracias a parte tampoco es que fuera "nada del otro mundo" como actriz, poco que ver con la otra -conviene aclarar-). Es un film divertido (quizá la hayáis visto en Antonia 3 que creo que la pusó un par de veces años a), sin mayores pretensiones y al que no hay porque buscar "peros" por la curra. Comedia sixtie a lo Edwards, no falta de mala leche (buen sopapo a la sociedad del lugar y la época) que, tampoco hay porque negar, queda solapado por la ligereza inicial del planteamiento. "Entretenida sin más", en efecto.

En resumen, buen (e infravalorado) cineasta este Sr. Mackendrick del que solo añadiré que, cuando estéis en la casa "escarchofaos" en el sofá sin ningún interés en cambiar de posición y empiece una peli en la tele donde veáis aparecer el nombre de este hombre se recomienda, humildemente y desde aquí, dejar el zapping para otro momento.

#5. ABOUT... SIDNEY LUMET

La muerte del señor Lumet, sucedida hace un par de meses, ha desencadenado una nutrida revisión de parte de su filmografía en algunos canales (mayormente de pago) televisivos. Perfecto (y justo), me parece muy bien. Nunca está de más constatar, por enésima vez, lo enorme de "Serpico" o "Tarde de perros".



En este humildísimo tributo, por otro lado, más que recordar toda la retahíla de referencias (a cual más indiscutible y de manera específica -parándonos en cada una de ellas-) que este hombre firmara, trataré de dejar constancia (por evidente que a algunos pueda resultar) de que Sidney Lumet fue en definitiva mucho más que "uno de los últimos grandes que nos quedaban" (que es lo que pone en el "prospecto")... Este hombre es/fue, a mi entender, uno de los grandes maestros de la historia del cine aguantando comparativas con quien cojones se le quiera poner por delante (salvo Wilder y Lang, que para mí ese par solo aguantan comparativas entre ellos y de los que sospecho, directamente, que los trajeron en astronave desde vete a saber dónde). Todo parte de una percepción muy personal, se admite, dado que estoy ante un inamovible (desde ya ni recuerdo) a la hora de mencionar a mis cineastas predilectos... Pero eso le pasa a mucha gente (que por algo será también) y, en cualquier caso, allá voy de todos modos...

Se suele argumentar que "los grandes maestros del cine" (los grandes de verdad) tienen un lenguaje visual propio que les define y, para el seguidor -en el grado que se quiera pero "seguidor" al fin- del medio, facilita el reconocer su autoría de manera casi inmediata. Así (con perdón para a quien no convenza del todo el ejemplo) de la misma forma que un buen stoniano ubica a sus ídolos rocanroleros con las primeras notas de una canción que no ha escuchado jamás (y antes de que Jagger arranque), para un amante del cine el reconocer a Hitchcock, Kubrick, Fellini o Kurosawa (y demás -entre los que no olvido al gran Berlanga, también fallecido no hace mucho y que ya tendrá su recordatorio tarde o temprano en esta cochambra-) detrás de lo que está mirando es un poco como el rascarse donde te dije... Dejando eso expuesto, pregunto: ¿acaso no entra Lumet dentro de ese parámetro que separa "excelencias" de "maestrías"?. Más si tenemos en cuenta que el tener un estilo visual propio está muy bien (cojonudo, vaya) pero si no va de la mano en lo que a calidad refiere pues como que nos quedamos un poco a medio camino... (por tener "estilo propio", también lo tienen en la actualidad cantamañanas sobrevalorados -con contados momentos de gloria, que tampoco hay porque negar- como Tarantino, Ritchie o Burton, o gentes del "calibrazo" de Woo o Rodríguez). Sea como fuere, Lumet pertenece a los primeros ya que (por supuesto) "encabe" sendo conceptos de manera fetén: intuyes que está tras la cámara aunque llegues a misas dichas al film y su calidad... ¿hace falta liarme a poner referencias a estas alturas?.

La gran contribución a la causa de el estadounidense, así lo veo yo, es el prolongar el concepto "cine negro" más allá de un espacio en el tiempo o de una percepción preestablecida por parte del espectador... y me voy a explicar y todo... Partimos todos de la premisa que al pensar en "cine negro" ("noir" para quien lo prefiera, sea por pedantería o por acortar que allá cada uno con lo suyo) lo primero en que pensamos es en Bogart, el sombrero, el cigarro, la femme-fatale de turno y "pa'lante". Lumet, siempre para mí recuerdo las veces que haga falta, fue el cineasta que más rápido y mejor se dió cuenta de que, en efecto, no tiene porque ser más cine negro "El halcón maltés" que, póngamos por caso, "El crepúsculo de los dioses" o "Días sin huella". Esto es, puede cambiar la temática o tipo de argumento, si, pero a su vez, el lenguaje visual también puede persistir, cuestión (nuevamente) de "estilo" si se prefiere. Y no es que su filmografía cuente, precisamente, con pocos títulos que hacen pasar las de Caín a chorizos y gentuzas de diversa índole se trata, sencillamente, de que el hombre no se detuvo ahí ni de lejos... Este señor se cagó en el estamento político, judicial, policial, mediático o militar como nadie y vivió para contarlo. Siempre (o casi) le queda a uno la misma sensación de impotencia tras ver un film de Lumet, esa en que el "hombre de a pie" o "ciudadano medio" no es sino una víctima atrapada y sin posibilidad de escape que ha acometido la temeridad de enfrentarse a cualquiera de los poderes/monstruos sugeridos y, por supuesto, ha salido fatalmente escaldado. De esta manera, por ello, el cine de Lumet es tan depresivo como adictivo (por extraño que resulte): el tipo siempre nos los explica desde nuestro lado de la ralla, desde nuestro punto de vista y nos hace participes, mediante su film, de su indignación, repulsa, frustración y demás críticas negativas hacia lo que toque y logra, así finalmente, que también sean las nuestras... no te explica el cuento desde una tarima, ni te mira por encima, tampoco trata de trascender de forma altiva ni de "iluminar" a nadie, solo pretende cagarse en la puta como cualquier hijo de vecino y, eso si, tiene la suerte de poder aprovechar su gran talento para ello.

No me extraña que me hiciera fan de este hombre a principios de los 90, en mi etapa punkie-gili-grunge, es muy fácil ver un tomate en la cara del "sistema" tras muchos títulos de Lumet. Pensaría entonces de forma errónea "que huevos tiene, que incendiario és" (etc.) y ahí me quedaría, cuando, al ir cumpliendo añitos y tal, caes en la cuenta de que su mensaje sería más bien el de "es todo tan triste y apesta tanto que más vale cachondearse llevándolo hasta el esperpento" que el de, meramente, señalar con el dedo hacia lo evidente (hacia lo que más hiede de la sociedad, que eso lo da tan por supuesto que ya ni se mete -gracias por no presuponer que somos gilipollas o no tenemos media luz Mr. Lumet-). De esa forma cuando leo cosas como "fuerte crítica social" o "de denuncia social" en referencia a algunos de sus films estoy de acuerdo solo a medias, yo cambiaría siempre lo que precede a "social" con la palabra (más ajustada a mi entender) "sátira".

Y así me estaría un buen ratazo más, pero ahí lo dejo... Que cuando trato a alguno de mis "intocables" me vengo a arriba y no se poner fin (me consta).

A partir de esa personal percepción que tengo de buena parte de su obra (con la que no se tiene porque comulgar, faltaría), ya se puede tratar temas como de que no existir el "Testigo de cargo" de Wilder, Lumet habría firmado la mejor interpretación de una obra de la Sra. Christie en el cine, o también, tratar de averiguar en que grado inspiró la motivación del "Teléfono rojo" de Kubrick su "Punto límite" también del 64 o si fue al revés la cosa, así como el debatir abiertamente si existe algún cineasta en la historia cuya primera referencia sea comparable a los inolvidables "12 angry men" de marras... Todo ello sin liarnos a tratar la evidente influencia, a la hora de plasmar imágenes en pantalla, que tuvo sobre determinados títulos de no poca gente (desde gigantes como Scorsese y DePalma, pasando por Mamet, Sayles, Alan Parker o Ferrara entre muchos otros, igual o aún más diversos). En fin, todo eso -su obra pura y dura-, lo dejo para la sección esa de "a brochazos gordos" (que ya adelanto dudo que quepa todo en un solo post -cinco décadas de cine ya es lo que tienen...-) o para la entrada de "Doce hombres sin piedad" que caerá en breve (una peli de la que me llevaría dos copias a la isla desierta de entre las consabidas diez no sea que la pierda). En fin, d.e.p. Sr. Lumet, pero que lo sepa que por su culpa (y la de unos pocos -poquísimos- más) nunca sé a quien mencionar como mi tercer director favorito de all the times.